Tocando el cielo: la ruta a la puna salteña

Estábamos cerca de Salta capital y hacía mucho que la Ruta 40 nos presentaba el desafío del paso carretero más alto del mundo en una ruta nacional: el Abra del Acay, que atraviesa el cordón montañoso del Acay a 4995 msnm (aunque algunos indican que está a 4895, nuestro GPS marcaba los increíbles casi 5 km hacia el cielo). Encarar este desafío significaba, obviamente, dejar la casa rodante donde estábamos parando y prepararse para la cruda puna salteña. Así fue que organizamos todo en la camioneta, nos abastecimos, respiramos hondo y salimos por la RN 51 hacia San Antonio de los Cobres.

RN 51 hacia el Abra del AcayRN 51 hacia el Abra del AcayEsta travesía comenzó bien temprano y dejamos atrás los cómodos y húmedos 1200 msnm. Atravesamos Campo Quijano e inmediatamente el ripio nos recibió para darnos la bienvenida a la imponente Quebrada del Toro. Son aproximadamente 20 km con un ripio en buen estado, que finaliza junto con el camino de montaña y continúa casi recto hacia nuestra siguiente parada, que nos llevaría a los 2800 msnm de El Alfarcito. Se trata de un pequeño pueblo que se ubica a ambos costados de la ruta, con una antigua iglesia dedicada a San Cayetano, un criadero de llamas y una increíble escuela de montaña, que ha sabido autoabastecerse de energía. También cuenta con un mercado artesanal para descubrir sus productos regionales.

El Alfarcito, camino al Abra del AcayEl Alfarcito, camino al Abra del AcayA tan sólo 10 km más adelante, la estrella de la arqueología salteña nos recibió a los 3110 msnm. Como podrán ver, el ascenso hacia la puna se da a pasos agigantados, ya que sólo habíamos recorrido 100 km desde que salimos de Salta y habíamos ascendido casi 2000 msnm. Entonces, estando en Santa Rosa de Tastil tuvimos la oportunidad de visitar uno de los sitios arqueológicos y arquitectónicos más grande del norte argentino. Les recomendamos pasar primero por el museo y luego recorrer dicho sitio.

El pueblo de Tastil, como se lo ha conocido, fue un asentamiento preincaico de la etnia atacameña, que se desarrolló en esta zona entre los años 1000 y 1450 dC con fines militares de defensa. Debido a la escasez de recursos, se vieron obligados a asentarse allí, aun con el riesgo del alejamiento de las fuentes de agua o de los campos de cultivo. Hacia el año 1300, se registró el mayor nivel poblacional, alcanzando los 3000 habitantes. Y su paso por estos parajes quedó registrado, artísticamente, en muchos sectores con petroglifos tallados sobre las grandes piedras de la zona. Las técnicas combinaron el raspado y el picado y las imágenes presentan motivos naturalistas, figurativos (personas y familias) y otros no figurativos o geométricas. Más allá de las posibles interpretaciones, estos rastros de arte rupestre expresan la intención de aquellos pobladores de comunicarse y de dejar un registro cultural para los distintos grupos que transitaban por allí.

Petroglifos en Santa Rosa de TastilPetroglifos en Santa Rosa de TastilPetroglifos en Santa Rosa de TastilEl apogeo del pueblo de Tastil se puso en crisis hacia mediados del siglo XV. Hasta ese momento, habían logrado convertirse en un importante centro de intercambio y distribución de productos, especialmente para las pequeñas poblaciones aledañas. También era nodal para el incipiente sistema de caminos de la zona. Para aquella época, el Imperio Inca comenzó a extender su territorio ocupado y, movilizándose hacia el sur, empezaron a “incorporar” distintos pueblos aborígenes (como relatamos sobre el caso de los diaguitas en los Valles Calchaquíes y en la Quebrada de Humahuaca). Los atacameños en Tastil no fueron la excepción y la invasión incaica significó la caída de esta ciudad debido a que sus pobladores y sus cultivos fueron destinados a alimentar el enorme mercado del Tawantinsuyu, además de que el sistema de caminos fue desviado con el fin de no volver a pasar por allí.

Sitio arqueológico de Santa Rosa de TastilEntonces, hoy queda un enorme sitio arqueológico con tres puntos de interés: el mismo sitio, en el cual se pueden conocer las 440 antiguas viviendas, enterratorios, la plaza central y otras construcciones hechas en pircas de piedra; el sector de petroglifos –que debe visitarse con guía municipal- y piedras sonoras, que debido al hierro que contienen, suenan como campanas al golpearlas con otra piedra (de allí viene el nombre Tastil que quiere decir “piedra que suena”); el museo arqueológico ubicado en la entrada del pueblo. Cualquiera de estos tres sitios no tienen cargo alguno, por lo cual se puede conocer en profundidad la historia del pueblo de Tastil.

Sitio arqueológico de Santa Rosa de TastilSitio arqueológico de Santa Rosa de TastilRestan tan sólo 60 km y atravesar el Abra Blanca para llegar a la principal ciudad puneña en Salta. Es importante tener en cuenta que los últimos 20 km son de ripio en muy mal estado debido a que están asfaltando y el camino alternativo no está mantenido. Sin embargo, la mitad de ese trayecto ya tiene asfalto, pero no habilitado, por lo que hay que buscar algún “acceso” para que el serrucho del ripio sea menos extenso y molesto. Luego de atravesar ese último trecho, a 3775 msnm y dentro de la Reserva Provincial Los Andes, se encuentra San Antonio de los Cobres, conocida mundialmente por tener la estación del Tren de las Nubes, que hoy tan sólo recorre casi 25 km hasta el imponente viaducto La Polvorilla, que cruza la Ruta 40 a 4200 msnm. Nos advertían que San Antonio “es bien puneño, se siente mucho la altura”, entonces a medida que nos acercábamos nos fuimos preparando para combatir el soroche: hay que ingerir mucho agua (antes, durante y después de nuestro paso por la puna), las comidas tienen que ser bien livianas y quizás podría ayudar algo de coca u otros yuyos que venden en el norte.

Ruta 40 camino al Abra del AcayNo sabíamos bien con qué nos íbamos a encontrar al momento de llegar a San Antonio, nos imaginábamos muchos diseños urbanos, incluso mucho movimiento. Sin embargo, descubrimos un pueblo sumamente tranquilo, de casas bajas, con poco movimiento turístico y local, y bien pintado de ese color ocre que caracteriza al polvo/tierra de la zona. Desde el Cerro Terciopelo, se puede observar toda la extensión del pueblo y al fondo, como si se tratara de un protector, el cordón montañoso y el majestuoso Acay nos desafiaban para que los cruzáramos.

San Antonio de los Cobres, camino al Abra del AcayAntes de comenzar nuestro recorrido por la 40 hacia el sur, queríamos ser testigos de esa fabulosa obra de ingeniería que es el viaducto La Polvorilla. Se encuentra a tan sólo 18 km de San Antonio, por un camino de ripio en buen estado, y a los 4200 msnm (es decir, en ese breve trayecto se vuelven a subir otros 400 msnm). Este viaducto, que fue uno de los 13 viaductos que sirvieron de puentes para el ferrocarril que hacía el recorrido de 566 km entre Salta y Antofagasta (Chile), posee 224 metros de largo y 64 de alto. Justo sobre el viaducto se encuentra una de las paradas del Tren de las Nubes, aquella que es típica en todas sus fotos. Dicho tren turístico hoy recorre esos 25 km y vuelve a San Antonio, por lo que su costo no estamos seguros de que se justifique. Es más, caminando se puede subir hasta dicha plataforma y así poder darse una idea del poder de la ingeniería.

Viaducto La PolvorillaViaducto La PolvorillaLuego de bajarnos de semejante obra, la 40 y la puna salteña nos invitaban a dirigirnos hacia la frutilla del postre. A 45 km de San Antonio, se encuentra el famoso cruce del Abra del Acay, que alcanza casi 5000 msnm. Adelante nuestro, las nubes comenzaban a posarse entre los cerros del cordón montañoso y había que ir atentos por posibles tormentas, ya que ese trayecto es poco recomendable con lluvias. Nos tomó casi 1 hora y media alcanzar el punto más alto, pero el camino es sumamente accesible, sin mayores dificultades más que alguna curva cerrada.

Ruta 40 camino al Abra del AcaySi bien parece corto, esa parte se hizo eterna y la mezcla de sensaciones empezó a emerger. Estábamos muy cerca de uno de los hitos ruteros de nuestro viaje, la ansiedad aumentaba minuto a minuto, no sabíamos qué postal nos recibiría ni cuán difícil sería bajar del auto. Por otro lado, la altura subía y subía cada vez más, superando todo lo que habíamos vivido hasta ese momento. Estábamos solos, sin señal de celular y prácticamente ningún auto nos cruzaba. Aunque la camioneta respondía bien, sabíamos que la exigencia era muy alta y que debíamos estar atentos para que nuestro viaje continuara con tranquilidad. Comenzamos a entender que la apuesta era demasiado grande y aun no habíamos llegado a esa puntita que invita a tocar el cielo.

Ruta 40 camino al Abra del Acay

Ruta 40 camino al Abra del AcayFinalmente, cuando el mojón de la Ruta 40 marcó el kilómetro 4601, se presentó ante nosotros el tan anhelado cartel que indicaba haber alcanzado los 4995 msnm dentro del Monumento Natural Abra del Acay. Afuera el viento y las nubes anunciaban la dureza del paisaje. Definitivamente el frío rompería con la calidez de Salta capital y por eso convenía no apagar el vehículo. Bien abrigados nos bajamos y salimos a respirar el aire puro de la completa desolación. Lo habíamos logrado, estábamos acariciando el cielo, y no sólo en sentido figurado, ya que las nubes cubrieron toda nuestra visión, aunque no tanto como para disfrutar de un momento tan esperado como ése.

Ruta 40 camino al Abra del Acay

Abra del Acay

Pero el desafío de la puna salteña aun no había terminado. Cruzar el Abra del Acay no es sólo llegar hasta su punto más alto y retornar, sino que hace falta continuar rumbo sur hacia el pueblo de La Poma, que se encuentra a 50 km. Parecía que el camino continuaría de la misma manera, bastante accesible para cualquier vehículo o conductor animado. Sin embargo, la sorpresa fue otra…

Ruta 40 camino al Abra del AcayComo habrán podido ver, el desafío fue completo, bien exigente y a la altura de nuestras expectativas. Incluso, para que sea más accesible, nos recomendaron recorrer la Ruta 40 de norte a sur, así la pared queda a nuestra derecha y nos sufrimos los tramos tan angostos.

Ya estando a 3500 msnm y más cerca de nuestro siguiente destino, nos sentíamos mucho más tranquilos. Aunque como toda esta aventura aconteció en tan sólo un día, nos merecíamos un buen descanso para arrancar luego hacia los Valles Calchaquíes. Hasta la próxima…

¡Abrazos viajeros!

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