Los Altares, corazón del Chubut

La planificación de la ruta que seguimos apunta, entre otras cosas, a economizar trayectos, evitando hacer caminos de ida y vuelta en línea recta. Sin embargo, decidimos que con Los Altares haríamos la única excepción, dejándonos guiar solamente por imágenes y algunos comentarios aislados. El riesgo estaba en recorrer 300 kilómetros de ida y esa misma distancia de regreso por tan solo una foto y no mucho más.

Con todas esas dudas, igualmente nos embarcamos hacia este nuevo destino y nos sumergimos en la mesética ruta nacional 25. Como no podía ser de otra manera, el rock de La 25 amenizó los primeros 150 kilómetros, hasta que Sol se aburrió. El último pueblo antes de Los Altares es Las Plumas, a 100 km. Hasta ese momento, la RN 25 no proponía mucho más que sólo nosotros recorriéndola. Tras un breve almuerzo y una corta caminata por las calles de ese pueblo, encaramos ese último tramo. Al poco tiempo, un cartel anunciaba que la calzada estaría deteriorada y no mentía. Sin embargo, eso pasó a un segundo plano cuando los paisajes mutaron repentinamente hacia una coreográfica muestra de altos murallones, pintados de los más diversos colores y a nuestra derecha eran las aguas del río Chubut las que nos marcaban el rumbo. Nuestros ojos no daban abasto, no podíamos creer que en tan pocos kilómetros, y siendo tan poco conocido para el grueso de los argentinos, ese trayecto combinaba la policromía del Cerro de los 7 Colores de la Puna, la majestuosidad del Talampaya, la soledad del Valle de la Luna y la verde vegetación del alto valle rionegrino. Combinación perfecta e inigualable, por lo que “corazón del Chubut” le encaja perfecto como seudónimo a Los Altares.

los altares ruta

los altares cerros

De fondo, la cresta del gallo.

Tras llegar al pueblo y recargar combustible en una estación de servicio ubicada estratégicamente por el ACA (aunque no dispone de tarjetas), nos dirigimos a quienes nos estaban esperando, amigos de un amigo que tienen a su cargo el único hostel del pueblo, Odette: Raúl y Liliana. Nos dieron una mano y ubicamos a Babelita junto al hostel, creyendo que nos quedaríamos allí por unos días y terminaron siendo casi dos semanas (por lo que aprovechamos, una vez más, para agradecer esa exacerbada hospitalidad). Nuestro objetivo era doble: llenarnos de un paisaje tan inmenso como hermoso, y ver la posibilidad de dar talleres en la escuela del lugar. El primer objetivo había sido sobradamente satisfecho tan sólo con la llegada. El otro objetivo también fue cumplido con creces, pero eso quedará para más adelante.

los altares vegetacionCombinando una agenda atareada, justamente por los talleres en triple turno durante una semana, nos dedicamos a recorrer lo que ahora es conocida como la Reserva Natural Los Altares. Como otras veces nos ha sucedido, seguramente las imágenes se queden cortas, pero al menos se podrán dar una idea de qué esconde este pueblo en el medio de la meseta chubutense.

los altares rioEn principio, allí aparece la primera contradicción: cerros (o bardas, como los llaman allí) hasta donde nos da la vista, pero ubicados en una meseta. ¿Cómo puede ser? Hace millones de años, toda esa zona fue el fondo de un gran océano, razón por la que aun quedan esas formaciones rocosas. De la misma manera, el monumento natural que da nombre al pueblo son unas extrañas elevaciones de piedra, que se destacan de un fondo más uniforme, y simulan ser enormes altares.

los altares

Los altares que dan nombre al pueblo.

Pero este mismo terreno guarda muchos más secretos. En convivencia con los dinosaurios, esta tierra se convirtió, sin quererlo, en un enorme cementerio de esos animales prehistóricos, al punto de haber sido hallados en los alrededores (más cerca de Cerro Cóndor, a casi 100 km de allí) los ejemplares más grandes del mundo. Hace poco se encontró uno que superaría en tamaño al Argentinosaurio, también de esta zona.

los altares cerrosComo si aun no fuera un atractivo inigualable para paleontólogos, otros profesionales y curiosos encontrarían aquí demasiados atractivos. Si continuamos en la evolución histórica, además de haber sido el lecho oceánico, las erupciones volcánicas han dejado su rastro en piedras de formas y colores inimaginables. Sólo hace falta recorrer algunos trayectos en los alrededores de Los Altares como para, atentos al suelo, encontrarse con ejemplares que, hoy por hoy, adornan las casas de los lugareños. Lo mismo sucedió con la madera de árboles en la zona, que luego del contacto con la lava y de millones de años, dicha madera se convirtió en piedra y hoy uno (salvo nosotros que no tuvimos esa suerte) se puede encontrar con trozos de madera fosilizada.

los altares La vieja

La vieja

Finalmente, y en tiempos geológicos más cerca de la actualidad, los pueblos originarios de la zona -los tehuelches- nos han dejado muestras de las herramientas que utilizaban con distintos fines. Entre ellas, se destacan las flechas talladas en piedra. Las hay de distinto tamaño y con distintas funciones. Tampoco pudimos encontrar ninguna, a pesar de nuestra esforzada búsqueda, pero sí pudimos ver varios ejemplares encontrados por otros. Para aquellos, como nosotros, que no logramos encontrar las originales, que por cierto está prohibido venderlas, algunos lugareños han mantenido esa tradición del tallado de la roca y venden flechas en distintos negocios y en los alrededores de la estación de servicio. A nuestro modo de ver, si bien respetamos esa tradición, no fue un recuerdo que nos quisiéramos llevar.

los altares Río Chubut

Río Chubut

En su lugar, optamos por grabar en nuestras retinas la magnificencia de un paisaje atípico en el marco de la meseta patagónica, que bastó para haber hecho realidad la apuesta inicial. Los Altares no es aun un punto turístico, pero eso no se debe tanto a la escasez de servicios para el visitante, sino más bien a la falta de atención de aquellos atolondrados que recorren la RN 25 en busca de la cordillera o de la costa.

los altares cieloYa es momento de retornar hacia la costa, llevando con nosotros aquellas mágicas vistas de bardas, ríos, guanacos y cielos. Pero antes de volver al ventoso mar, haremos algunas paradas técnicas. Próximo destino: Las Plumas.

 

¡Abrazos viajeros!

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