Buenos Aires vista con otros lentes

Más de un año viajando y la ruta nos devolvió al lugar de donde partimos y donde vivimos nuestros 30 años de vida. Sabemos que un año en la vida de una ciudad es un suspiro efímero y por eso no esperábamos muchos cambios en Buenos Aires, sino más bien en nosotros mismos y en cómo encararíamos el regreso a un lugar del que elegimos irnos. Entonces, en esta crónica intentaremos contar cómo nos fue y si es que las imágenes no abundan, es porque nos dedicamos a disfrutar de nuestra estadía.

El regreso comenzó a principios de Junio, cuando nosotros recorríamos el norte de la provincia de Buenos Aires, en busca de trabajo y de lugares donde parar. Nos faltaban pocos kilómetros para llegar a la ciudad y queríamos dilatarlo lo más posible. Sin embargo, General Villegas, Florentino Ameghino, Coronel Granada y General Pinto nos vieron seguir de largo ante la ausencia de campings. Así fue que se nos aceleraron los tiempos y en cuestión de 48 horas nos encontramos a 130 km del final de la primera etapa del viaje. Mientras el camping de Carmen de Areco nos abría las puertas, casi en forma exclusiva, nosotros nos preparábamos para lo que sería una visita técnica y afectuosa por Buenos Aires.

Sin darnos cuenta, le estábamos avisando solamente al papá de Sol que al día siguiente llegaríamos a su casa y que para el resto sería una sorpresa. La noche del viernes se escondió tras una densa lluvia, que no menguó ni un minuto y el amanecer nos recibió igual de mojados. El secanto cuyano y patagónico habían quedado demasiado atrás, y ahora debíamos acostumbrarnos a la humedad pampeana (y en breve litoraleña). Por suerte, ese viernes nos adelantamos con los preparativos y a la mañana siguiente sólo tuvimos que enganchar y salir una vez más a la ruta. ¿Última anécdota de esta etapa del viaje? Amanecimos lavando los platos en la ducha del camping, a falta de comodidades en las “piletas”. Ahora sí, ya estábamos listos para afrontar eso que llaman “la ciudad de todos los argentinos”.

Carmen de Areco, Buenos AiresEn Buenos Aires no podríamos ubicar fácilmente la casa rodante, por lo que el padre de un gran amigo nos facilitó su patio en la zona norte del conurbano. Pero antes nos topamos con la imponente autopista Panamericana. Nos sentíamos chiquitos, rodeados de autos voraces de velocidad, que surcaban los encharcados andariveles y que poco les preocupaban quiénes iban a su lado.

Autopista Panamericana, Buenos AiresLa lluvia no cesaba y el carril más lento nos mantenía seguros hacia la derecha. Por fin pudimos salir de la autopista y adentrarnos por barrios que nunca habíamos recorrido. No fue difícil darnos cuenta que estábamos de regreso en la ciudad: allí donde la prioridad de paso no importa, donde todos corren a algún lugar, donde el colectivo es dueño y señor… un año de distanciamiento ya nos hacía observar estas situaciones desde otro lugar y aun no habíamos bajado un pie.

Al doblar en la última esquina, el barro por delante era síntoma de una noche de abundante lluvia. Inevitablemente, debíamos pasar sobre él y entrar al patio que sería hogar de Babelita durante nuestra estadía. Por suerte, contamos con la ayuda de Janos, que nos facilitó todo lo que hizo falta ese día y los sucesivos. Tema casa rodante: listo.

Todavía no sabemos bien cómo, pero ya estábamos de nuevo sobre esa autopista que con tanto agrado habíamos dejado atrás. Lo importante era llegar a la casa y desarmar la camioneta, que venía explotada desde el asiento delantero hasta la rueda de auxilio. Casi como un mal chiste basado en la novela Farenheit 451, fugazmente volvimos al punto de partida. Tema nuevo hogar: listo (aunque aun faltara desensillar).

Luego de abrazos, sonrisas y algunas lágrimas, ya estábamos en familia nuevamente. Pero, curiosamente, durante la estadía muchos nos preguntaron: ¿ya volvieron? ¿cómo les fue? Ante esa lógica confusión, está bueno contar por qué fue que volvimos a pasar por allí, muy lejos de haber detenido nuestro rodar. El viaje aun no terminó, sino que nos falta la otra mitad del país y un año por delante para seguir aprendiendo sobre el camino. Mientras estuvimos allí, la idea era disfrutar de aquello que nos vincula a Buenos Aires, como amigos, familia, anécdotas, lugares y, no menos importante, una extensa mesa donde se corta bacalao burocrático de todo tipo. Todas esas fueron razones que nos devolvieron, por 30 días, a la mayor urbe del país.

Buenos Aires de nochePara nuestra estadía, nos esperaban muchas juntadas con amigos y familiares. Ese año de viaje se había hecho largo para muchos y los reencuentros no se hicieron esperar. Entre pizzas, pastas y asados nos pusimos al día, buscamos aquellas preguntas raras que no suelen hacernos y nos fuimos enterando cómo siguió todo con nosotros a la distancia… claramente, mucho no cambió. Y lo más importante, pudimos disfrutar de aquellos sobrinos que no pudimos ver al nacer, pero que poco problema se hicieron cuando se durmieron en nuestros brazos.

Después de tantos abrazos y carcajadas, los trámites nos tuvieron muy ocupados. Así fue que “viajamos” varias veces hasta el Centro, aquel laberinto de enormes edificios, miles de colectivos y múltiples zombies que pasan a nuestro lado casi sin registrarnos. Fueron muchas las visitas a esas pequeñas callecitas, pero eran necesarias y pudimos completar prácticamente todo lo que necesitábamos. Tema trámites: listo.

Viajando en colectivo hacia los trámites.

Viajando en colectivo hacia los trámites.

Más arriba, cuando dijimos que mucho no cambió, no fuimos muy precisos. La fisionomía del Centro ya no es la misma que hace un año atrás. Lamentablemente, fuimos testigos de un desfile diario de múltiples movilizaciones por las más diversas razones. En una de ellas, nos sumamos para reclamar por el trabajo de los periodistas y por la libertad de expresión, hoy acotada por las presiones laborales y económicas a muchos colegas.

Marcha de periodistas en Buenos AiresAunque parezca que todo nos resulta negativo, aun seguimos encontrándole el costado diferente e interesante a Buenos Aires. Por ejemplo, con motivo del Día Mundial del Malabarismo, en Plaza Francia nos acercamos al Encuentro Malabarístico del Sur (EMaS). Decenas de malabaristas se convocaron para una tarde de exhibiciones y para reclamar por un proyecto de ley que busca impedir a los artistas callejeros trabajar en los semáforos. Nos dejamos volar por la magia de las clavas en el aire y por los colores que se confunden en el cielo.

EMaS en Buenos AiresEMaS en Buenos AiresEMaS en Buenos AiresMuchas razones nos llevaron a alejarnos de Buenos Aires hace poco más de un año y en aquel entonces estábamos mimetizados con la dinámica que impone la ciudad. Por eso nos preguntábamos cómo cambiaríamos nosotros y qué veríamos en ella al retornar. Comprobamos que ella no cambió, sino que aprendimos a observarla desde otro lugar. Sin dudas, lo que más se destaca es la lógica fragmentaria e individualista que caracteriza a una gran ciudad. Caminantes que no ven el camino, apurados al volante que buscan imponerse, tantos colectivos que ya son difíciles de contar, el hormigón que se eleva cada vez más hasta el cielo, el gris que opaca al sol y sus atardeceres, el hacinamiento que pinta las veredas de personas, los hombros que te chocan al tratar de caminar entre ellas, los celulares que nos distraen de lo que nos rodea, el frenético ritmo de una ciudad que pareciera no descansar y que te envuelve o te deja tirado.

Sin embargo, también aprendimos a rescatar algo distinto, a ver otros rostros de esta Buenos Aires tan trillada en los noticieros de alcance nacional. Es verdad que todos corren, es verdad que nadie se saluda entre sí y también es verdad que el tiempo siempre les resulta escaso. Pero hay que saber mirar más allá, que en el cielo los atardeceres siguen pintando anaranjados furiosos, o que la variedad de árboles se combina con la multiplicidad de colores, o que es posible decir “hola” a un desconocido y que éste, sorprendido, te devuelva el saludo. Pareciera que no todo está perdido, a menos que sigamos parados en el mismo lugar. Nosotros salimos a la ruta para aprender a mirar(nos) distinto. Fue una decisión que costó mucho, pero lo que ganamos ya no tiene precio. Saber apreciar, saber entender, saber empatizar, saber… aprender es algo único en la vida y el primer paso es estar dispuesto a ello.

caba-3Nos costó entendernos con Buenos Aires, pero eso depende desde dónde la juzguemos. Por suerte, nuevamente llegó el momento de mapear cómo sigue nuestro viaje y qué destinos nos esperan en esta segunda etapa que recién comienza. ¿Nos acompañan?

 

¡Abrazos viajeros!


2 Replies to “Buenos Aires vista con otros lentes”

  1. “Pareciera que no todo está perdido!, Es la frase que mas me llego. Lo que han aprendido, sembrado y recogido en este año es inmenso, invaluable, sin limites ni fronteras. Han crecido como personas individualmente y en pareja. Hoy miran distinto, pero también aprecian distinto tanto lo bueno como lo malo y pueden convivir con ambos y especialmente ELEGIR que camino, que lugar y que momento. La LIBERTAD aprendida no tiene precio ni techo, ni limite solo ustedes lo pueden poner.Son RICOS en todos los aspectos. Valoren lo aprendido y sigan profundizando. El camino sigue y la vida continua. Esta bueno respetar y valorar todas sus aristas.Los amo!! Y los acompaño desde aquí por donde vayan!! Es un lujo tener un Hijo como vos “Juani” y una “nuera” “Sol” asi, ambos tan gambas y tan intrépidos. Siempre juntos y les deseo todo lo mejor para este nuevo año de viaje y nuevas experiencias!!!!

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