El Chaltén, capital mundial del trekking

Al leer este título, muchos querrán atajarse pronto y aclarar que se trata de la capital “nacional” del trekking. Efectivamente, ese es el eslogan turístico que se le ha otorgado a esta villa de montaña, pero, tras recorrer sus senderos, nos ha costado cruzarnos con argentinos, por lo que consideramos que ha trascendido las fronteras y son los extranjeros los que colman los trayectos hacia los cerros Torre o Chaltén. Y ahí tenemos otro debate, ya que el cerro más famoso de la zona es más conocido como Fitz Roy y menos renombrado como Chaltén. En lengua tehuelche, este vocablo quiere decir montaña que humea o que fuma, ya que los indígenas de la zona veían la cumbre frecuentada por nubes que permanecían allí por mucho tiempo y parecía una inminente erupción. De este cerro, el pueblo tomó su nombre. Por eso, para evitar llamarlo como uno de los extranjeros que visitaron la Patagonia (de la mano de Darwin y el barco Beagle), optamos por el nombre originario porque además pudimos comprobar la teoría tehuelche:

Cerro Chalten

Vista del cerro Chaltén desde la Laguna Capri.

Al visitar El Calafate, les contamos que recorrimos tres de las seccionales que posee el Parque Nacional Los Glaciares y que había quedado pendiente la tercera, que es el pueblo de El Chaltén. Nuestro objetivo allí era poder conocer al máximo por qué es que el trekking se ha convertido en la principal actividad de quienes llegan hasta esos pagos. Dentro del parque, hay dos senderos que son los más recorridos: Laguna de los Tres (a los pies del cerro Chaltén) y Laguna Torre (a los pies del cerro y el glaciar Torre). Como requerían de casi todo el día y habiendo llegado para almorzar, dejamos la primera caminata para el día siguiente y la del Torre para el otro día. Luego de comer algo, nos fuimos con dirección norte (a 4 km del pueblo), para recorrer un sendero de menor dificultad que desemboca en el Chorrillo del salto. Se trata de una gran cascada, que en su base uno se estremece con el romper de su caída, mientras que arriba del cerro se puede disfrutar de una vista que cubre todo el valle formado por el río Las Vueltas.

Salto del Chorrillo, El Chalténchalten-juntos-cascadaContinuando por la RP 41 hacia el norte, camino al Lago del Desierto, primero nos cruzamos un monumento que recuerda uno de los tristes sucesos entre Chile y Argentina, del que justo se cumplían 50 años. Como les contamos en nuestra visita a Ushuaia sobre el Hito XIV y sobre lo efímero de los límites fronterizos, nos encontramos con una placa que cuenta lo sucedido el 6 de noviembre de 1965: resulta que una dotación de Carabineros chilenos había “corrido” el límite y había ocupado el territorio que rodea al lago. Ese mismo día, por la tarde, la Gendarmería argentina los enfrentó y el saldo fue la muerte del carabinero Marco López, coronándose toda la trifulca al arriar la bandera chilena e izar la argentina.

Monumento por Lago del Desierto, El ChalténQuizás no todos compartan la sorpresa que nos generan este tipo de íconos que han marcado los vínculos entre Argentina y Chile. Entendemos que los límites fronterizos, además de cierto ego nacionalista, tienen una utilidad práctica (de distinguir espacios), y estratégica (principalmente vinculada a los recursos naturales y los bienes culturales). Sin embargo, al recorrer esos puntos y observar cómo esos elementos simbólicos pretenden representar la distancia entre dos naciones, y más aun al conocer que tales separaciones han causado muertes absurdas (como ésta), no podemos dejar de repetir una frase que alguna vez vimos pintada por las calles de Buenos Aires: “las fronteras son las cicatrices de la conquista”. Cuando todos podamos entender que ese es el origen de nuestra historia, estamos seguros que nuestra actitud no será la misma.

Salto del Anillo, El Chaltén

Salto del Anillo

Volviendo a la RP 41, más adelante llegamos al Salto del Anillo, una pequeña caída de agua que quedó retratada en la foto que figura más abajo. Y, finalmente, alcanzamos el tan mentado Lago del Desierto, que se puede navegar o cruzar por un camino que lo costea. Honestamente, nos encontramos con un lago más del montón, uno que no dice mucho y que, quizás, su camino de ripio de estado regular no justificaría visitarlo. Por eso, a los pocos minutos estábamos retornando a El Chaltén, había que prepararse para la caminata del día siguiente.

Lago del Desierto, El ChalténGracias a que Darío (un amigo de Piedrabuena) hizo de intermediario con un conocido suyo, pudimos parar en el camping de Planta Estable, que está más bien destinado a instituciones. Con las necesidades básicas cubiertas, nos fuimos a dormir temprano y así poder madrugar para ir a conocer el cerro Chaltén y la Laguna de los Tres.

Yendo hacia el camino que se dirige al Lago del Desierto, se abre un trayecto que indica el comienzo del sendero hacia dicha laguna. Un dato importante para rodanteros: justo allí hay un espacio destinado para que motorhomes puedan acampar libremente. Sin perder tiempo, comenzamos a caminar, ya que nos esperaban más de 10 km de camino de montaña. Por suerte, todo el camino está muy bien señalizado e, incluso, nos va marcando qué cantidad de kilómetros recorrimos del total del sendero. El primer tramo es bastante exigente, con una subida pronunciada durante los dos primeros kilómetros. En ese trayecto, uno se cruza con una vista panorámica del río Las Vueltas, que nos va a acompañar hasta adentrarnos en la montaña. Luego de casi 4 km, se abren dos senderos: uno hacia la izquierda, que nos lleva a la laguna Capri y al camping homónimo; el otro hacia la derecha, que conduce a un mirador del cerro Chaltén. Nosotros optamos ir a la izquierda a la ida y volver por el mirador. A esta altura, ya se comienza a divisar el cerro, pero, para variar, su cumbre estaba cubierta por esas nubes que lo hacen “humeante”.

Río Las Vueltas, El Chaltén

Río Las Vueltas

Aquellos dos caminos se vuelven a unir más adelante y luego aparece una bifurcación a la izquierda, trayecto que no sólo permite ver las lagunas Madre e Hija, sino también conecta con el sendero a la laguna Torre. Si los tiempos de caminata y el estado físico acompañan, se pueden hacer ambos senderos en el mismo día, comenzando por el de la Laguna de los Tres. Nosotros continuamos caminando y, a 8 km de haber comenzado, nos topamos con el camping Poincenot, mucho más concurrido que el Capri, ya que es el punto más cercano a la Laguna de los Tres y muchos lo aprovechan para descansar allí luego del ascenso. Acá fue donde nos separamos y, debido a una dolencia en su rodilla, Sol se quedó esperando a que yo bajara. Salí a las 11 hs y en teoría me iba a demandar 2 hs subir y bajar, por lo que podríamos estar almorzando alrededor de las 13 hs. Sin embargo, no fue lo que sucedió.

Al salir del camping, comencé a caminar y pasaron pocos minutos hasta que me di cuenta de que el camino estaba poco o mal señalizado (a diferencia de todo lo anterior) y que estaba muy solo. Me llamó la atención porque nos cruzamos con varias personas y también vimos a muchos saliendo hacia la laguna. Adjudicándolo a otros factores, decidí continuar camino ya que me crucé con una senda más marcada. Así fue que, bordeando el río Blanco, saltando rocas o cruzando el mismo río, me topé con una gran colina, demasiado empinada. Pero no me sorprendió, ya que el guardaparque nos había avisado que el último tramo se pone más inclinado y hasta podía cruzarme con manchones de hielo. Efectivamente, mientras iba subiendo, también tuve que sortear esos manchones blancos. Después de mucho esfuerzo y girar la cabeza hacia atrás en busca de algún otro caminante, me encontraba muy solo, demasiado para mi gusto. Finalmente, allí apareció la laguna y pude tomar algunas fotos. Para acercarme un poco más, continué caminando hasta una pequeña caída de agua. Mientras descansaba, me llamó más la atención que abajo no había ni un alma y que podría gritar sin que nadie respondiese. Entonces, decidí mirar el mapa para corroborar que había llegado a donde esperaba. Por una distracción, por un despiste o por una confusión, al salir del camping Poincenot tomé de referencia el río Blanco y fui hacia la izquierda. La laguna que tenía enfrente no era la de Los Tres, sino la laguna Sucia.

Laguna Sucia, El ChalténLa desesperación me obnubiló: había perdido demasiado tiempo, había hecho un esfuerzo innecesario y aun faltaba bajar por un sendero sin marcar y con muchas piedras y rocas sueltas, con todo el riesgo que ello implica. Es verdad, pude conocer una laguna que pocos han visto, pero la de Los Tres todavía estaba muy lejos (justamente del otro lado del cerro que tenía a mi derecha, pero que era aun más peligroso cruzar por allí). Así que, prácticamente corriendo y evitando ser tapado por las piedras que caían detrás de mí, bajé hasta el curso de agua y volví a rodear la montaña para cruzarme con el sendero correcto. Si me tomó una hora subir, producto de la ansiedad y la desesperación en poco más de 15 minutos llegué al sendero. Una de mis mayores preocupaciones era haber dejado a Sol, esperando a mi regreso, y justo en ese momento otra cosa increíble volvió a pasarme: ella estaba ahí, casi esperándome en el puente mientras yo bajaba por un sendero que supuestamente estaba prohibido. Le grité y al vernos mi tranquilidad fue enorme. Sabía que ella creía que había terminado mi recorrido, pero le tuve que contar toda la travesía que había hecho erróneamente. Ella me explicó que tenía mucho frío y que había salido a caminar para esperarme y a la vez entrar en calor. Entonces, decidió acompañarme hasta donde pudiera y ver de completar el recorrido original.

Esta vez seguí correctamente el sendero y hasta hoy sigo sin entender cómo me pude desviar. Ese tramo, definitivamente, era el más difícil de todo el recorrido, ya que tiene un desnivel de 750 metros en tan sólo 1,5 km de camino. Encima, yo corría con la desventaja de haber dejado mis piernas para “disfrutar” de la laguna Sucia. Prácticamente como si fuese una escalera, uno va subiendo hasta una cima que pareciera no alcanzar jamás. A medio camino, Sol desistió de continuar y optó por esperarme abajo para almorzar. Yo continué, teniendo que parar en varias oportunidades, hasta que finalmente llegué a la congelada Laguna de los Tres. Lamentablemente, no pude ver el espejo de agua que se forma para reflejar a los cerros Chaltén, Poincenot y Saint Exupery, pero el esfuerzo valió la pena. Próximamente les compartiremos un video que muestra un poco lo que fue esta experiencia.

Laguna de los Tres, El Chaltén

La congelada Laguna de los Tres

La bajada fue mucho más ágil y rápida. Llegué al puente que cruza el río Blanco y, de nuevo, ahí estaba ella esperándome, abrigada por el sol. Almorzamos allí mismo, mientras veíamos pasar entusiastas caminantes hacia un lado y cansados triunfadores hacia el otro. Aun nos esperaban más de 8 km hasta el pueblo y el cerro Chaltén seguía sin mostrar su cumbre.

El esfuerzo y el desgaste fueron muy grandes. Sol prefirió descansar al día siguiente para recuperar su rodilla y yo, como sabía que avecinaba una tormenta, tomé valor para enfrentar el sendero a la laguna Torre, que aparentaba ser más tranquilo que el del Chaltén.

Laguna Torre, El Chaltén

Sendero floreado hacia la Laguna Torre

También comencé la jornada bien temprano, así podía volver a almorzar a nuestra casa como se debe (como entremés me llevé algunas frutas y paté con galletitas de agua). En este caso, de un total de 8 km, los primeros dos conforman una subida más pronunciada y exigente que la del día anterior, por lo que me demandó bastante tiempo alcanzar el valle. Este esfuerzo fue retribuido al poder deleitarme con una cumbre totalmente limpia del Chaltén, desde otra perspectiva. Mientras tanto, ya era consciente de que ese día sería imposible ver el cerro Torre, que estaba rodeado por una tormenta que me esperaba más adelante.

Cerro Chaltén

El cerro Chaltén, bien limpio… y el Torre todo tapado.

El recorrido tiene menos atractivos que el de la Laguna de los Tres. Quizás, uno puede cruzarse con pequeños campos de silvestres dientes de león, pero no mucho más. A su vez, pude comprobar que el resto del trayecto es más accesible, hasta llegar al último kilómetro. Allí, todos somos recibidos por un viento para mi desconocido, impulsado desde la cordillera y el campo de hielo sur. Es tan fuerte que le impide a uno estar parado y es necesario esperar hasta que pare por un momento para retratar una muy poco llamativa laguna y el glaciar Torre, ya que, como decía más arriba, fue imposible ver el cordón del cerro Torre. Uno tendría lo posibilidad de continuar el sendero hasta el mirador del glaciar Maestri (otros 2 km), pero es poco recomendable para condiciones climáticas como las que se vivían ese día.

Laguna y glaciar Torre, El Chaltén

Laguna y glaciar Torre, El Chaltén

Tras un breve tentempié, volví hasta el pueblo y pude almorzar en el hermoso mecer de la casilla a costa del omnipresente viento. Ahora sí era momento de descansar y relajarse en una merecida siesta que ocuparía toda la tarde.

Como me desperté renovado y el clima había empeorado significativamente, decidimos partir al día siguiente con rumbo norte. No sabíamos el destino, podría ser el pequeño pueblo de Tres Lagos o Gobernador Gregores. La ruta 40 nos indicaría el camino…

¡Abrazos viajeros!

Seguimos viaje...

Seguimos viaje…

Dato adicional: existe una pequeña YPF en las afueras del pueblo y ofrece los combustibles básicos (nafta súper y diesel ultra) a los mismos valores que en el resto de la provincia.

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