Entre Ríos de palmares y cítricos

Después de una extensa parada por Buenos Aires, después de muchos trámites y reencuentros, y después de varios preparativos, estábamos listos para volver a las rutas e iniciar lo que llamamos la segunda parte de nuestro viaje. Durante el primer año, recorrimos “la mitad sur del país”, es decir, Patagonia, Buenos Aires y casi todo Cuyo (nos quedó pendiente La Rioja). Ahora vamos rumbo al Litoral y al Noroeste argentino, y decidimos comenzar por Entre Ríos siguiendo la margen del río Uruguay en busca de sus famosos palmares.

Ese magnífico día de la partida por fin llegó. Son esos días que, para los viajeros, todo se pone a flor de piel, las ansias de ruta, los nervios por no olvidarse nada, la obligada despedida y la inevitable aventura por venir. En nuestro caso, fue el clima el factor que nos mantuvo tensos hasta el último momento, ya que teníamos la casa en un parque donde el agua es enemiga del suelo firme y una tormenta ponía en peligro nuestra partida. Mirando el minuto a minuto de Windguru, uno de los mejores pronósticos que hemos conocido, supimos que esa mañana ya estaría despejado y sólo restaba ver el estado del suelo. Llegamos hasta allí y, si bien estaba barroso, con ayuda hicimos el esfuerzo necesario para empujarla y sacarla de allí en cuestión de minutos. Así como así, estábamos contentos por pisar nuevamente la ruta rumbo a nuestro próximo destino, que aun no sabíamos cuál sería (cosas que pasan…).

El viaje iba bien hasta que cruzamos el puente Zárate-Brazo Largo y entramos a Entre Ríos, momento en el que empezó a lloviznar hasta convertirse en una nueva tormenta. Decidimos parar en una estación de servicio en las afueras de Gualeguaychú que contaba con algunas facilidades para nosotros, incluso luz eléctrica. Aun nos faltaban algunos kilómetros para llegar a donde nosotros pretendíamos, Urdinarrain.

A la mañana siguiente, bien temprano volvimos al asfalto y todavía se veían resabios de la tormenta que se estaba yendo. Con tranquilidad, llegamos a Urdinarrain con una remota posibilidad de trabajo antes del inicio de las vacaciones de invierno, pero no tuvimos éxito, sumado a que no cuentan con ningún lugar donde poder parar. Entonces, seguimos camino hacia Basavilbaso, donde parecía haber un camping municipal, pero el mismo estaba todo inundado. Una vez más, el camino nos devolvió a la RN 14 y decidimos ver qué había en Concepción del Uruguay. Simplemente, nos pareció un asalto consciente aceptar pagar un camping $300 por noche en temporada baja y seguimos rumbo a Colón, donde teníamos unos contactos con los que esperábamos mejor suerte.

Debido a que se nos aceleró nuestro arribo, optamos por abonar el camping Piedras Coloradas en este destino turístico. Si bien el valor fue similar al anterior, la ciudad lo ameritaba y sería tan solo por una noche. Al día siguiente, ya teníamos quién nos recibiera.

Por fin pudimos empezar a disfrutar después de tanto ajetreo. Con respecto a Colón, nos tranquiliza mucho aclarar que su nombre no se debe al controversial invasor, sino que solamente tiene una raíz por su apellido, ya que la ciudad se llama así por haber sido una colonia en su momento de surgimiento.

Camping inundado en ColónTambién nos sorprendió encontrarnos con un río Uruguay bastante crecido, al punto de poner en riesgo las bellas playas colonenses. Cuentan que las peores inundaciones llegaron a trepar hasta los hoteles de la Avenida Costanera Quirós. No obstante, es muy ideal dejarse perder en los bellos atardeceres sobre el río, así como también frente al radiante sol que baña las costas del puerto.

Atardecer sobre el río UruguayLa belleza de Colón radica principalmente en sus playas, por lo que es muy recomendable pasar por allí en verano y saber elegir dónde se concentra la menor cantidad de gente. Mientras tanto, nos queda tomar unos mates en su costanera, mirando el río y dejando las horas pasar.

Puerto de Colón, rodeado de palmaresEsos días se fueron rápido y ya nos dirigíamos a un pueblo cercano, San José, donde nos esperaba Rocío. También nos recibió con una fuerte tormenta y no fue nada fácil ubicar la casa rodante. Si no nos creen, compruébenlo ustedes mismos…

palmares-entre-rios-4Allí tuvimos mejor suerte con los talleres literarios y pudimos llevar adelante uno en el marco de las actividades de la Casa del Bicentenario durante las vacaciones de invierno. Fue una manera distinta y distendida de volver a rodar con los talleres.

Taller literario en San José, Entre RíosSi el balneario de San José no está en óptimas condiciones por las lluvias o si no son muy adeptos a las termas, una buena opción es el paseo colonial hacia el antiguo molino de la familia Forclaz, construido hace más de un siglo para la gente de la colonia. Sin embargo, el molino no rindió lo suficiente como para reemplazar la tracción a sangre. Al parecer, el esfuerzo que pusieron en su construcción fue en vano, debido a que colocaron unas aspas (no las que figuran en la imagen) adecuadas para un viento más fuerte y constante, como el de Holanda, a diferencia del entrerriano. El constructor, Juan Bautista, se dejó morir por la decepción que causó tal frustración. Y hoy nos encontramos con un monumento histórico nacional que muestra uno de los primeros molinos del país.

Molino Forclaz en San José, Entre RíosAntes de seguir viaje por la tierra de los palmares, nos despedimos de San José con un almuerzo entre amigos viajeros: los biciviajeros de Pedaleando por la libertad, Rocío –próxima a una aventura norteña- y Marta, su madre que nos adoptó por unos días.

palmares-entre-rios-6Gracias a otra ayuda de Facundo y Walter de Cultura de San José, conseguimos trabajo en la vecina San Salvador. Allá nos esperaban más actividades por las vacaciones de invierno en parques y centros culturales. Al llegar, nos enteramos que el albergue estaba ocupado y tuvimos la suerte de parar unos días en un hotel. De eso hablamos cuando no sabemos dónde vamos a dormir “esta noche”, a veces puede resultar genial.

El arroz es la principal actividad de San Salvador

El arroz es la principal actividad de San Salvador

San Salvador puede ser un pueblo de paso, de esos que sirven quizás para abastecerte de combustible, pero descubrimos uno de esos rincones donde parar a respirar otro aire. Ayudaron mucho las actividades distendidas al aire libre, compartiendo el espacio con ceramistas y magos. Era muy interesante ver cómo se dio una curiosa reciprocidad entre nuestra actividad con monstruos y la creación de formas con la arcilla, como si se retroalimentaran ambos espacios y así resultaron producciones geniales.

Talleres literarios en San Salvador, Entre RíosTalleres literarios en San Salvador, Entre RíosTalleres literarios en San Salvador, Entre RíosTaller literario en San Salvador, Entre RíosTodo muy lindo hasta aquí, pero… ¿dónde están los tan prometidos palmares? Aprovechamos nuestra estadía en San Salvador y nos hicimos una escapada hasta el Parque Nacional Los Palmares. Sinceramente, nos hubiera encantado acampar allí con Babelita, pero lamentablemente nos encontramos con uno de los pocos parques nacionales que no cuenta con un espacio de acampe libre, sino que el camping está concesionado y es el único lugar donde pasar la noche, con precios que orbitan los valores de los demás campings de la zona. En definitiva, sería sólo una visita por el día (el costo de acceso es de $70 para argentinos).

PN El Palmar, Entre Ríos

Ñandú, PN El Palmar, Entre Ríos

Ñandú

Este parque tiene la particularidad de proteger la mayor concentración de palmares Yatay (o Butia yatay) del país. Sus ejemplares pueden llegar a medir hasta 20 metros de altura y sus hojas se estiran entre 2 y 3 metros. Así como nos encontramos con los palmares caranday, exclusivos de San Luis, aquí pudimos maravillarnos con los yatay. Uno va llegando por la ruta y pareciera que fuese una plantación adrede, al estar todos agrupados en un espacio preciso.

PN El Palmar, Entre RíosEl parque cuenta con varios senderos y miradores para recorrer. Algunos valen más la pena que otros. Primero comenzamos con el sendero Yatay y el sendero y mirador La Glorieta, y fue el recorrido más lindo de todo el parque, ya que allí se concentra la mayor cantidad de palmares, alcanzando el punto más alto para lograr una buena panorámica de la zona.

Vista de los palmares, PN El Palmar, Entre Ríos

Zorro gris, PN El Palmar, Entre Ríos

Zorro gris

Luego están el mirador del arroyo Los Loros, que no tiene ningún atractivo, y el sendero El Mollar, que estaba cerrado por lluvias. Acercándonos a la costa, la vegetación cambia un poco y se vuelve más frondosa, por lo que se la puede recorrer en profundidad a través del sendero de la selva. Si bien es bastante monótono, es muy recomendable para vivir de cerca la humedad del verde litoraleño, atravesando la “selva en galería”.

Carpincho, PN El Palmar, Entre Ríos

Carpincho, el mamífero más grande del mundo

Por último, desde el casco histórico y la zona de acampe, se inicia el sendero a las ruinas históricas, el cual combina la naturaleza del lugar, una playa muy bonita y parte de la historia cultural y productiva de la zona, a través de la Calera del Palmar. Ese sitio fue ocupado primero por los pueblos charrúas, aprovechando los recursos que brindaban los ríos y las llanuras. Luego, llegarían los guaraníes, aportando la parte de la agricultura. Todo fluyó hasta la llegada de los españoles, quienes impusieron el Sistema de Reducciones Jesuitas, “incorporando” a los guaraníes para la producción del cuero. De la calera se extraía la piedra caliza que, quemada en los hornos, servía para pelar los cueros. Al caminar por allí, uno se puede encontrar canto rodado en el piso, debido a que la última actividad productiva que se realizó fue la extracción de dicha piedra para el ripio.

Calera del Palmar, PN El Palmar, Entre RíosPN El Palmar, Entre RíosLlegado el momento del descanso, en la zona del Casco histórico hay un área de picnic frente al río, ideal para un almuerzo o unos mates al atardecer. Pero es importante no distraerse, ya que este parque se caracteriza por cruzarse muy (o demasiado) cerca a los animales autóctonos. Es el caso de esta hermosa urraca, que pareciera estar como perdida mirando el horizonte, pero en realidad está esperando una distracción para hacerse de un suculento plato de los comensales.

Urraca, PN El Palmar, Entre RíosUrraca, PN El Palmar, Entre RíosSi bien eso puede resultar gracioso, hay otra parte que no es para nada risueña ni tierna. Como decíamos, los animales (silvestres) están acostumbrados a la presencia de las personas. Por ejemplo, el carpincho –el roedor más grande del mundo- ni se inmuta mientras come cuando uno se acerca a 5 metros para sacarle una foto. Y lo mismo pasa con el zorro gris que se aprovecha del cholulismo de algunos que con tal de lograr “la gran foto” les dan de comer galletitas o pan. Lamentablemente, no existen carteles que recuerden la prohibición de alimentar a los animales salvajes por los perjuicios que les pueden causar, y es una pequeña mención en un folleto que aclara este punto. Ya sea en un parque o en una reserva natural, por favor, NO ALIMENTEN A LOS ANIMALES.

Zorros esperando el alimento de una familia en vehículo

Zorro posando, PN El Palmar, Entre Ríos

Posando…

Finalmente, después de varios días de viaje, llegamos a la última ciudad del noroeste entrerriano y en Chajarí nos esperaba Judith. Al igual que Villa Elisa, Colón, San José, Concepción, Concordia y Federación, este destino ofrece un complejo de termas. Como dijimos antes, nos gusta más recorrer el lugar y sus alrededores. En este caso, nos encontramos con una ciudad tranquila, que cuenta con un boulevard principal en cuyo centro una enorme mano abrigada simulara ordenar el tránsito, pero su avenida comercial está sobre Urquiza, una calle que poco pareciera ofrecer y sorprende al caminarla. Ahora bien, si andan buscando playa, habrá que recorrer 25 km hasta Santa Ana, donde un extenso balneario junto al camping municipal se llena durante el verano.

palmares-entre-rios-27El fin de semana antes de irnos de allí nos despedimos con dos comidas entre amigos. Primero fue con la familia de Judith en el campo que tienen en las afueras de la ciudad. Además de hacer trabajo rural, degustamos un sabroso asado y disfrutamos del sol cayendo sobre un extenso campo repleto de ñandubays (en guaraní, “comida del ñandú”). Sería al día siguiente, con una intensa lluvia afuera, la cena con otros viajeros que andaban de paso también por allí. En este caso, serían unos ñoquis con crema los que nos reunirían en torno a la mesa.

palmares-entre-rios-28palmares-entre-rios-29Pero no nos podíamos ir de Entre Ríos sin probar algo bien local, donde los cítricos que caracterizan a la zona estuviesen presentes. Primero fue en San José con el mate de té: en una taza, se colocan trozos de limón, pomelo o naranja, se le agrega un sobre de té común y otro saborizado, con azúcar a gusto, y se ceba con agua caliente. Y, por último, el mate de pomelo, para el cual decidimos retratar paso por paso para no olvidarnos de nada.

Mate de pomeloEra momento de retornar a las rutas y disfrutar de aquellos atardeceres entrerrianos que tan bien nos fueron acompañando. Alegres y satisfechos nos despedimos como “guríses”, la manera que tienen allí de llamar a chicos y chicas por igual, un término proveniente de Uruguay. La próxima parada será en la segunda provincia del Litoral y no sabemos bien qué ciudad correntina nos recibirá primero. Así que preferimos despedirnos con esta imagen y será hasta la próxima.

palmares-entre-rios-25

¡Abrazos viajeros!





Dejá un comentario...