La ruta de los seismiles

Era temprano y el sol recién se asomaba cuando una alarma empezó a sonar. Aun sin entender bien qué pasaba, uno de los dos dijo: “hay que despertarse, ya es hora”. Ese día nos habíamos propuesto hacer una excursión que nos tomaría varias horas y cientos de kilómetros. La meta era recorrer la ruta de los siesmiles y llegar hasta el Paso San Francisco.

La columna vertebral de Argentina es la imponente cordillera de Los Andes, que se extiende en sentido norte-sur hasta la provincia de Santa Cruz y luego gira en sentido oeste-este en Tierra del Fuego hasta sumergirse en el mar. A medida que va en dirección sur, su altura va decreciendo, por lo que en las provincias del norte sus cerros parecieran tocar el cielo. De esta manera, los pasos fronterizos con Chile adquieren un atractivo muy particular y pocas veces visto en otras partes del mundo. El caso del Paso San Francisco, el único en la provincia de Catamarca, no sólo es uno de los más altos del mundo (con 4700 msnm), sino que además está adornado por una extensa cantidad de volcanes extintos que superan los 6000 msnm (en aquella zona se registran 14, pero son cientos en la provincia). Esto explica por qué se conoce a la Ruta Nacional 60 como “la ruta de los seismiles” y hasta allá nos lleva esta travesía.

La Ruta de los Seismiles, CatamarcaCircunstancialmente, nos encontrábamos al norte de la provincia de La Rioja y evaluando tiempos, distancias y próximos destinos, nos convenía viajar por el día hasta allá para retornar a la tarde. Fue por eso que nuestra jornada comenzó bien temprano, teníamos 150 km hasta Fiambalá (Catamarca) y desde allí son otros 220 km hasta el Paso San Francisco. Además, la exigencia para nosotros también estaría en las alturas, ya que Andolucas ronda los 1200 msnm, Fiambalá los 1500 msnm y el paso supera los 4700 msnm. Éramos conscientes de que todo en un día podía ser demasiado, sumado al manejo durante cientos de kilómetros, pero la invitación a la aventura de esos increíbles paredones que acarician los cielos cordilleranos valía la pena.

La noche anterior habíamos preparado la camioneta y sólo restaba guardar la comida para el día. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya estábamos dejando atrás La Rioja y volvíamos a transitar por Catamarca, pero ahora rumbo noroeste.

La Ruta de los Seismiles, CatamarcaEl asfalto de la RN 60 es impecable y el paisaje le da ese toque exquisito que la pinta como una de las rutas más atractivas del país. Antes de llegar a la primera ciudad de nuestro recorrido –Tinogasta-, la quebrada del río Colorado nos introdujo a un mundo de colores, donde el verde se deja arrastrar por el curso de agua y los rojizos suben por los cerros hasta separarse del celeste cielo. Evidentemente, esta escapada nos tenía guardadas más sorpresas de las que esperábamos y recién había comenzado.

La Ruta de los Seismiles, CatamarcaLa Ruta de los Seismiles, CatamarcaLuego de Tinogasta, una oportuna ciudad para abastecerse, ese paisaje fértil comienza a desaparecer… ya no se ven las plantaciones de olivo y vid, ni arroyos adornados de verde o arbustos en las laderas de los cerros. La altura subió un poco y la naturaleza se volvió más árida y solitaria, pintándose de tonos más apagados. Incluso, si uno observa hacia el este, se pueden ver extensos amarillos u ocres que van marcando una enorme zona de médanos de arena. Esto indica que ya habíamos arribado a Fiambalá y decidimos parar sólo para corroborar que nuestra hoja de ruta estaba en lo cierto. Entre ambas ciudades, se extiende lo que se conoce como la Ruta del Adobe, debido a que va atravesando distintos pueblos y parajes en donde se destacan diversas edificaciones construidas con este ancestral material hecho de greda y paja oreadas al sol, junto a los techos con cañizo y vigas de algarrobo.

Guanacos en La Ruta de los Seismiles, CatamarcaAl dejar atrás Fiambalá, la ruta de los seismiles toma rumbo oeste, bien derecho hacia la cordillera y hacia el primero de los gigantes que nos daría la bienvenida, el imponente Monte Pissis (con sus 6678 msnm es el tercer cerro más alto de América), que divide a las provincias de Catamarca y La Rioja (incluso, existe una excursión desde Vinchina que llega hasta el Cráter Corona del Inca, al sur del monte). A lo largo de nuestro recorrido, vamos pasando solitarios refugios de montaña que están ubicados al costado de la ruta. Entre cada uno promedian los 30 o 40 km y cumplen la función de resguardo para aquellos viajeros que son afectados por las inclemencias del clima de la zona (por ejemplo, algunos ciclistas que desafían a la cordillera).

Justo en el refugio La Copia, a mitad de camino hasta el paso internacional, se abre un acceso hacia la izquierda y un camino de ripio conduce por 90 km hasta la Laguna Verde y el Balcón del Pissis, ambos al pie del volcán. Este recorrido lleva casi todo el día y conviene ir mejor preparados de lo que estábamos nosotros, además de que nuestra meta era otra. Por lo que nos tuvimos que conformar con las postales del Pissis desde la ruta.

Monte Pissis, La Ruta de los Seismiles, CatamarcaPocos kilómetros más adelante, se encuentran la laguna Cortaderas y un curioso hotel de cinco estrellas. Desconocemos las particularidades de su existencia, pero se podía ver que se encontraba vacío de huéspedes y casi sin movimiento. Sin embargo, la laguna sí es digna de disfrutar, ya que allí se detienen decenas de flamencos y otros animales.

La ruta sigue subiendo y cuando el paisaje parecía sumergirse en una monotonía que cuestionaba la razón de nuestra presencia, nuevos volcanes con nieves eternas hacían acto de presencia y no alcanzaba la vista para maravillarse. El que le siguió al Pissis fue el cerro Ojos del Salado (6893 msnm), que quería esconderse detrás de las montañas, pero el cielo despejado lo hacía relucir en el medio de la cordillera de Los Andes. Al igual que en el anterior, se puede observar una huella que conduce a los pies de este imponente volcán extinto.

Monte Ojos del Salado, La Ruta de los Seismiles, CatamarcaYa habíamos pasado un nuevo refugio y el GPS indicaba que subíamos en altura a pasos agigantados. Hacia el norte, el horizonte era otra cadena de nevados. Parecían menos imponentes que los dos que ya habíamos cruzado, pero se veía claramente cómo el cerro Fraile se distinguía de sus pequeños compañeros. Y la ruta parecía nunca acabar, como si nuestra travesía fuese eterna, o al menos hasta tocar el cielo entre estos macizos de piedra.

Cerro Fraile, La Ruta de los Seismiles, CatamarcaSin embargo, la distancia por llegar hasta el puesto de Las Grutas, donde se hacen los trámites en la aduana argentina, se acortaba más y más. De repente, a nuestra izquierda y entre oscuros cerros, apareció orgulloso otro de los gigantes. El mapa que nos dieron en Fiambalá dejaba mucho que desear, sumado a que la serpenteante ruta nos confundía bastante, por lo que no pudimos identificarlo.

Cerro Inca Huasi, La Ruta de los Seismiles, CatamarcaCerro Inca Huasi, La Ruta de los Seismiles, CatamarcaHizo falta llegar hasta la aduana para enterarnos de que este monumental cerro se llama Inca Huasi (6638 msnm) y que en la ruta se observa la cara sudeste, mientras que en la frontera se ve la cara noreste, es decir que lo fuimos rodeando. En Las Grutas, gracias a un cartel, pudimos identificar tanto a ese volcán como a El Muerto (6486 msnm) y al San Francisco (6016 msnm).

La Ruta de los Seismiles, CatamarcaLlegamos justo para la hora de almuerzo, por lo que hubo que esperar a que los gendarmes terminaran de comer y nosotros aprovechamos para hacer lo mismo, con uno de los paisajes cordilleranos más imponentes que hemos visto en todo nuestro viaje.

La Ruta de los Seismiles, CatamarcaNuestra intención era cruzar a Chile para conocer la Laguna Verde que está a 20 km del paso internacional, por lo que nuestros trámites serían bastante rápidos. Sin embargo, la cola de vehículos que querían entrar a Argentina comenzó a alargarse y los tiempos de espera amenazaban nuestro retorno a La Rioja. Por suerte, todo se resolvió brevemente y seguimos camino hacia el corazón de la cordillera.

La ruta comenzó a subir estrepitosamente para pasar bajo la protección de los gigantes en territorio chileno. Pero antes, desde allí arriba pudimos observar la laguna San Francisco, rodeada del blanco salitral que caracteriza a los cerros de la zona.

La Ruta de los Seismiles, CatamarcaLaguna San Francisco, La Ruta de los Seismiles, CatamarcaInmediatamente al salir del país, como sucede en la mayoría de los pasos con  Chile, el ripio nos dio su triste bienvenida y la velocidad de la camioneta descendió automáticamente. Ya nos habían advertido en la aduana por el mal estado del camino, con mucho ripio y piedra suelta.

La Ruta de los Seismiles, CatamarcaPor fin, vimos la laguna y decidimos bajar hasta su orilla para comprobar su color. Si bien no es verde-verde, tiende a un azulado que varía de acuerdo a la luz del sol y al momento del día. Más allá de este detalle cromático, pudimos recorrerla un poco, comprobar la salinidad del agua y registrar nuestro paso por uno de los increíbles atractivos que conservan Los Andes.

Laguna Verde (Chile), La Ruta de los Seismiles, CatamarcaFinalmente, pudimos cumplir nuestra meta, la travesía de la ruta de los seismiles estaba completa y ahora nos esperaba un trayecto que bajaría 3000 msnm en 200 km. Además, una tormenta amenazaba entre las montañas, por lo que no había tiempo para perder.

Sin embargo, llegamos a Fiambalá y, aunque el viento parecía complicar el horizonte, concluímos que valía la pena escaparse unos 15 km para conocer la “Duna Mágica” de Saujil. Sabíamos que unos 30 km más al norte se encuentra el imponente Tatón, la meca para las travesías 4×4 en la arena, pero decidimos treparnos hasta este médano, que es ideal para la práctica de sandboard. Desde lejos, parece un simple médano más, pero alcanza los 80 metros de altura y estar parado sobre esa angosta cornisa amarillenta, mientras te atraviesan ráfagas de arena, mete miedo. Sólo había que tomar valor y dejarse llevar por la pendiente. Lógicamente, al llegar abajo, nos llevaríamos varios gramos de arena en las zapatillas, la ropa y el pelo, pero ¡cuánta adrenalina junta!

Duna Mágica, La Ruta de los Seismiles, CatamarcaDuna Mágica, La Ruta de los Seismiles, CatamarcaYa se hacía tarde, el sol se había ocultado y las nubes amenazantes seguían de cerca nuestro rastro. Muchas emociones para un día inolvidable. La satisfacción de haber completado uno de los recorridos más imponentes de nuestro país. Ahora sí, era tiempo de regresar a nuestro hogar y descansar para una nueva aventura.

 

¡Abrazos viajeros!

6 Replies to “La ruta de los seismiles”

  1. QUE BELLEZA, CADA LUGAR, CADA RINCON, Y QUE BELLEZA LA FORMA POÉTICA Y TAN EXPRESIVA COMO LO CUENTAN!!! Parece que uno esta ahí disfrutando con ustedes!!! BELLISIMO!!!
    Gracias por compartir y hacerme conocer semejante belleza!!! Besos viajeros!!

  2. Hermoso lugar, nosotros hicimos el mismo camino, solo que seguimos viaje hasta Copiapo, tuvimos un tramo de lluvia (unos 30 minutos), pero luego todo se despejo. Ese paso es una de las maravillas que he conocido en nuestros tantos viajes de vacaciones.

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