Malargüe, yendo de la Patagonia a Cuyo

Cuando estudiábamos en la escuela las regiones geográficas, nos costaba entender la arbitrariedad de algunas separaciones entre ellas. Como si fuesen cortes sólo explicados por los límites de las provincias. Luego de haber recorrido la Patagonia por casi ocho meses, sabíamos que en algún momento nos tocaría salir, pero no estábamos seguros de entender qué significaría “salir” de la región más austral. Así fue que un día, como cualquier otro y con cierto grado de nostalgia, decidimos cruzar el río Barrancas (que al unirse con el Grande, forma el famoso río Colorado que desemboca en el mar y divide a la Patagonia del resto del país) para ingresar a la provincia de Mendoza. Nuestro primer destino era Malargüe, una ciudad desconocida para nosotros, y prestamos mucha atención a ver si algo cambiaría entre aquella región y Cuyo.

Ruta 40 a MalargueDesde el norte neuquino, ya nos habían advertido sobre el mal estado de la Ruta 40 al sur de Mendoza, avisándonos que tiene mucho ripio, que el asfalto está malo, que vayamos con tranquilidad, etc., etc. Para nuestro pesar, los pronósticos se quedaron cortos. Entre Ranquil Norte y Bardas Blancas, hay poco más de 120 km, trayecto en el que se cruza por la reconocida Pasarela, un angosto cañadón sobre el río Grande. Sin embargo, de ese tramo son 100 km los que combinan un ripio en un estado regular y repleto de serrucho (aproximadamente 80 km), con un asfalto que está aun en peores condiciones, plagado de baches que llegan a cubrir todo el ancho de la ruta. Hay que reconocer que se está avanzando en la pavimentación, pero el tramo sobre el cual están trabajando no supera los 15 km. Es decir, hasta ahora, nos tocó atravesar el mayor recorrido de ripio en una ruta nacional. Ni siquiera en el cruce a Tierra del Fuego, por territorio chileno, tuvimos que andar tanto sobre tierra y piedra suelta.

Ruta 40 a MalargueRuta 40 a Malargue

Ruta 40, Malargue

Hombres trabajando

Después de muchas horas y bastante preocupación, llegamos a Malargüe. En ese recorrido pudimos apreciar que los bosques andino-patagónicos habían desaparecido por completo y que los únicos árboles quedan reservados para las orillas de los ríos mendocinos. La transición entre la estepa y la montaña comienza a desaparecer, y el verde ya no es el color que marca esa mutación. Y Malargüe vendría a representar una zona de transición a la tierra del sol y del buen vino.

Río Grande a Malargue

Río Grande, camino a Malargue

La Pasarela, Malargue

La Pasarela

Se trata de una extensa ciudad, que se recuesta por varios kilómetros a ambos lados de la Ruta 40. A diferencia de la mayor parte de Neuquén, nos volvíamos a encontrar con destinos muy populosos, con cadenas de supermercados, distintas líneas de colectivos, gran cantidad de escuelas. En fin, ya percibíamos una gran diferencia con respecto a la Patagonia, que tiene que ver con los centros urbanos más poblados. Ya deja de ser común la gran cantidad de pueblos que no superan o rondan los 10.000 habitantes, para toparnos con ciudades pequeñas o más grandes, pero que en su mayoría alcanzan o están por encima de ese número. Además, entre lugar y lugar las distancias se acortan, razón que explica en parte por qué los valores del combustible son más bajos en el sur.

Malargue

Ojo de sol

Dejando a un lado el análisis sociológico por un momento, seguimos nuestro camino al camping municipal, más cerca de la salida norte de la ciudad. Como aun era temporada, nos preocupaban los costos que pudieran pretender en una ciudad muy turística. Para nuestra sorpresa, tienen un sistema de cobro muy beneficioso para los acampantes: no cobran por persona, sino por carpa, motorhome o casilla. Es decir, cuesta lo mismo ser una o cuatro personas dentro de una misma carpa. En nuestro caso, el valor era de $45 por noche más $10 por el vehículo, o sea, tan sólo $55 por día entre los dos. Si comparamos con los $300 que pagamos en Villa Pehuenia, la diferencia es más que evidente.

Entonces, con un poco de holgura económica, nos manejamos con tranquilidad para recorrer la ciudad y sus alrededores y para ver la posibilidad de coordinar nuevos talleres literarios. Como esta segunda opción se vio frustrada por tener muy encima el inicio de las clases, nos dedicamos a jugar de turistas en la región más al sur de Mendoza y descubrimos que se trata del destino con la mayor cantidad y diversidad de alternativas de la provincia. Sin salir de la ciudad, nos dimos una vuelta por el Observatorio Pierre Auger. Nos resulta demasiado complejo explicar en pocas palabras qué estudian allí, pero, a riesgo de quedarnos cortos, les podemos contar que han distribuido más de 1600 “tanques” entre Malargüe y San Rafael con el objetivo de detectar rayos cósmicos ultraenergéticos. Para ponerlo en criollo, en el espacio exterior se generan reacciones entre partículas microscópicas y que desencadena una especie de cascada de rayos cósmicos, los cuales se multiplican hasta impactar en nuestro planeta. Lo curioso es que estos rayos poseen cientos de millones de veces más energía que las partículas producidas por grandes aceleradores. Este proyecto de investigación ya tiene alrededor de 20 años en esa zona y aun no pueden determinar el origen del fenómeno que desencadena los rayos. Lo único que nos tranquilizó es saber que, si bien somos atravesados constantemente por estos rayos, no nos afectan. ¡Grandes noticias para todos!

Luego de recibir semejante cantidad de información tan abstracta, optamos por acercarnos hasta una opción un poco más asequible, como es un planetario. Debido a las condiciones climáticas del sur mendocino, es un lugar propicio tanto para el observatorio Auger como para este planetario. Allí, por una módica entrada, pudimos recorrer distintas exposiciones, aprender un poco más sobre las constelaciones y sobre cómo sería la vida en otros astros azules.

Malargue

Camino a Valle Hermoso

Pero, como muchos han leído de nosotros, necesitamos vivir la naturaleza, por lo que nuestra siguiente visita tenía que ser cara a cara con ella. Al evaluar los atractivos naturales de la zona, nos encontramos con: los Castillos de Pincheira, unas extrañas formaciones rocosas, similares a los altares del Chubut; la cascada de Manquil-Malal; la Caverna de las Brujas, donde se forman estalactitas y estalagmitas; y la Reserva Payunia, con el mayor reservorio de volcanes del mundo. Lamentablemente, todas estas opciones requieren un abono poco económico de un ingreso o de una excursión para conocerlas. Si bien jugamos a ser turistas, tampoco exageramos, por lo que optamos por un recorrido interesante y autoguiado, como es el camino que nos lleva hasta Valle Hermoso (en total, 200 km entre ida y vuelta).

Las Leñas, MalargueSalimos bien temprano, con todo preparado, rumbo al norte, hasta cruzarnos con la RP 222 que se abre hacia la cordillera. Este camino es el que se atraviesa para llegar al centro de esquí Las Leñas y nos llamó la atención ver el mal estado de la ruta, con muchos pozos y el asfalto deteriorado. Con precaución, arribamos a la Laguna de la Niña Encantada y, en el medio de la absoluta naturaleza, nos sorprendió toparnos con un cartel de “propiedad privada”, firmado por Las Leñas. En ese camino, no sería el único que veríamos, por lo que entendimos que recorríamos tierras cedidas a esta empresa. Contra nuestra voluntad, accedimos a pagar el ingreso a esta supuesta reserva, donde se ubica la mentada laguna, sin ningún tipo de protección medioambiental, más que algunos postes donde apoyar la cámara o coquetos asientos para protegerse del sol. Sin dudas, la laguna es una interesante curiosidad, un ojo de agua en el medio de tanta sequedad, pero nos fuimos con el sabor amargo de algunas contradictorias consignas posmodernas sobre la protección de nuestros recursos naturales (o bienes comunes).

Laguna de la niña encantada, MalargueLuego de pasar junto al pequeño pueblo de Los Molles, el siguiente ojo de agua fueron los Pozos de las ánimas. En este caso no hay cuidador alguno ni cobro de entrada, sino un cartel que explica el origen de los pozos, siendo aguas subterráneas que fueron disolviendo el suelo y generando cavernas en profundidad, que al derrumbarse han provocado estas depresiones circulares y cónicas. Es prácticamente imposible acceder hasta el agua, al menos si se quiere volver a subir, pero sí se puede disfrutar de una excelente vista desde el estacionamiento.

Pozo de las ánimas, MalargueRetomando la ruta y antes de dejar el asfalto, llegamos a Las Leñas, un complejo turístico que en verano ofrece algunas actividades recreativas, pero que su fuerte es durante el invierno cuando los cerros se cubren de blanco. Como no nos resultó del todo atractivo, fuimos a almorzar a un pequeño puente que está saliendo del complejo, donde el río es la perfecta compañía dentro de ese silencio profundo.

Las Leñas, Malargue

Las Leñas, MalargueSi bien el día estaba bastante gris, no dejábamos de mirar hacia arriba para contemplar cerros tan imponentes. A diferencia de la cordillera patagónica, los picos en Mendoza se acercan cada vez más al cielo. Mientras en un caso la precordillera se confunde con la cordillera, en Mendoza está más marcado su alejamiento hacia la frontera. Como si todo fuese chato hasta que una pared de miles de metros de altura emergiera de repente.

Ahí mismo comienza el camino de ripio, unos 25 km en mal estado surcando montañas y valles. Más adelante, muchos otros senderos se empiezan a bifurcar entre montañas y sólo hace falta algo de valor y un buen vehículo para animarse a encararlos. Sin estar seguros de que contáramos con esas dos premisas, nos alejamos un poco para ganar un cerro alto, desde el cual ver mejor la profundidad de Los Andes, y jugamos a tocar el cielo con las manos. Claramente fracasamos en el intento, pero valió la pena la apuesta.

Valle Hermoso, MalargueCuando el GPS indicaba que faltaba muy poco para llegar y cuando logramos un balcón envidiable desde el cual disfrutar del Valle Hermoso, una bajada pronunciada nos hizo acordar a la Cuesta de Rahue en Neuquén. Dos grandes diferencias marcaban la distancia con aquel trayecto: en este caso, las condiciones del camino eran mucho peores y, además de bajar, tendríamos que volver subir. Ya estábamos ahí y no tenía sentido arrepentirse. Respirando hondo, decidimos encarar la cuesta que muestra la foto hasta dar con el espejo de agua que nos esperaba abajo.

Valle Hermoso, MalargueRodeados de cordones montañosos, llegamos a un pequeño paraje a la espera de visitantes y acampantes en la orilla de la laguna. Tras explicarnos que pasar el día tenía un costo de $50 por persona y ver amplias zonas con acceso al agua sin cargo alguno, nos pareció ridículo contribuir de esa manera y decidimos alejarnos. Así fue que unos mates amenizaron la tarde mientras veíamos pequeños patos jugar en el agua. Luego de recargar energías, era momento de hacer todo ese recorrido a nuestras espaldas para regresar a Malargüe.

Valle Hermoso, MalargueDisfrutamos de una ciudad que cuenta con muchas opciones para visitar, que para variar algo quedó por fuera del itinerario, pero entendemos que hacer todo es muy difícil, así que seguimos rumbo al norte sabiendo que queda atrás la Patagonia para poder explotar al máximo la cuyanidad.

Será hasta la próxima…

¡Abrazos viajeros!

 

5 Replies to “Malargüe, yendo de la Patagonia a Cuyo”

  1. muy lindo ojala algún día pueda ver todo eso y palparlo como lo han hecho uds !!!!mucha suerte y buenas rutas !!!!!!!!!!!!!graciasssss

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