Elegí tu medio de transporte: cinco experiencias sobre ruedas

¿Qué es eso de la vida nómade? ¿Cuál es el desafío de elegir vivir de viaje? Preguntas trascendentales para muchos de nosotros que hemos optado por este estilo de vida. No nos cabe la menor duda de que responder “sí” a la pregunta de salir a viajar es ahora automática, aunque nos llevó meses procesarla. Pero una vez que nos decidimos, la siguiente definición es “cómo” hacerlo y allí se abren muchas opciones.

Nosotros estamos convencidos de que toda decisión en la vida es una apuesta, donde se pierde y, a la vez, se gana algo. Pasó así cuando decidimos dejar nuestro estilo de vida citadino y también sucedió cuando nuestra elección fue por una casilla rodante como hogar nómade. Eso nos tomó mucho tiempo de definición, de búsqueda y de decisiones definitivas.

Por el proceso de preparación y por todo lo que hemos vivido en estos 10 meses de viaje, armamos esta nota. Para ello, entrevistamos a integrantes de otras experiencias viajeras para poner en común distintos puntos de vista y ayudar a aquellos que andan indecisos respecto al medio de transporte para salir de viaje o, por qué no, para quienes están pensando en la posibilidad de optar por esta forma de vida.

Estas experiencias son:

Cada uno de estos proyectos tiene su historia, su razón de ser y sus objetivos, y en estas tres variables se vio reflejada desde un comienzo la elección de un medio de transporte en el cual trasladar con ellos su hogar.

Sueños de ruta

Lau y Facu de Sueños de Ruta cruzando la sierra cordobesa.

Sueños de ruta se propone conectar en bicicleta Ushuaia con La Quiaca y ya llevan más de ocho meses con muchos kilómetros pedaleados. En el caso de los chicos de Buscando Amerikua y Te quiero hasta Alaska comparten el objetivo de alcanzar el extremo más al norte del continente americano. Dos diferencias los separan: el primer proyecto está integrado por ocho personas (a veces más, a veces menos), razón por la cual optaron por un colectivo, y llevan seis meses de viaje; mientras que el segundo es una pareja (hoy en la dulce espera del tercer integrante viajero) y hace muy poco completaron la travesía hasta Alaska tras dos años y medio, alcanzando los 80 mil kilómetros recorridos en un utilitario bautizado como “la Kangooneta”. Por su parte, Al infinito en kombi, que lógicamente optaron por la lengendaria camioneta “pan lactal” bautizada como Alma y convertida en una cocina nómade, llevan un año de viaje y su meta es México. Por último, nosotros hemos optado por una casilla rodante para recorrer toda Argentina brindando talleres literarios itinerantes.

Al infinito en kombi

Meli y Mati, de Al infinito en kombi, en lo alto del Macchu Picchu (Perú)

Al momento de que cada proyecto explicara el por qué de la elección del medio de transporte, un aspecto marca una divisoria de aguas y todo lo que le sigue: Sueños de ruta es tracción a sangre (o “energía propia”, según sus palabras), mientras que el resto depende del combustible. Los ciclistas explican que la principal razón pasó por una cuestión económica, no sólo en la bicicleta, sino también en todo el equipo, que debe ser “mini”. La gran ventaja que se desprendió de esta decisión fue la posibilidad de viajar a “la velocidad del paisaje”, logrando un intercambio más inmediato y constante con lo que los rodea.

Buscando Amerikua

Parte de la banda de Buscando Amerikua

Por su parte, la tracción a combustible permite cubrir mayores distancias, aunque conlleva mayores costos. Lau y Facu, de Sueños de ruta, nos explican que ellos no pueden dejarse llevar por atractivos a 10 km de distancia que los saca de su ruta, pero que si es cerca no existe lugar donde no se puedan meter. Mientras que con un vehículo las distancias no son una traba. Sin embargo, el tamaño de éste marca otra diferencia. La Kombi o la Kangoo son pequeñas para acceder a caminos más cerrados o en pueblos de calles angostas, mientras que con un colectivo o con una casilla rodante se debe pensar y planificar bien antes de comenzar a transitar un recorrido (“quizás entrás, pero no sabés si salís”). La ventaja de la casilla rodante, a diferencia del colectivo (y de otros motorhome), es que se puede desenganchar y salir a la ruta sólo con la camioneta. No obstante, nosotros tenemos el desafío de maniobrar y estacionar un trailer tan grande como una casilla, además del incremento en el consumo de combustible.

Destino Nómade

Destino Nómade en Punta Pardelas (Península de Valdés, Chubut)

Más allá de aquella diferencia, si uno quiere salir a pasear, es fundamental estar atentos a dónde dejamos estacionado el colectivo o la casilla. Con los chicos de Buscando Amerikua concordamos en que esa sensación de incertidumbre tras estacionar por ahí genera mucha bronca, ya que planificamos vivir en la calle, pero nuestros temores a potenciales riesgos nos frenan para ir tranquilos a dar una vuelta.

Te quiero hasta Alaska

Gaby y Flor de Te quiero hasta Alaska (cuando cumplieron su meta)

La búsqueda de comodidades condiciona el tamaño del vehículo. Por ejemplo, los chicos que viajan en colectivo querían garantizarse “una cama por persona, con un espacio para sus cosas; una cocina, baño, camas extras, mesa y además cocina exterior con un toldo”, y sólo ese vehículo les permitiría hacerlo. En ese sentido, la pareja de Te quiero hasta Alaska advierte sobre la dificultad de pasar más de un año en un espacio tan acotado como el de una Kangoo. Algo parecido les pasó a los kombinautas, ya que su modelo es de techo bajo y se vienen manejando agachados cuando están adentro. Mientras que en nuestro caso, queríamos que eso no nos pasara y encontramos en las casillas rodantes la solución en el tamaño para estar parados y movernos cómodos en su interior. A tal punto fue así que hoy sus 7,40 m2 nos quedan grandes.

Buscando Amerikua

Interior del colectivo (Buscando Amerikua)

Elegir un estilo de vida es como un gran paquete, con su letra chica y todo. Entonces, la elección del medio de transporte tiene que hacerse muy a conciencia, como reconocen los integrantes de las distintas experiencias viajeras. Se deben contemplar todos los aspectos antes de tomar una decisión en función del objetivo que los mueve a salir a la ruta sobre ruedas: qué elegir, qué aceptar y qué ceder.

Destino Nómade

Sol y Juan, de Destino Nómade, en Lago Escondido (Tierra del Fuego)

En este sentido, además de la inversión económica inicial hay que contemplar un presupuesto para los arreglos e imponderables de una vida nómade. El caso de una bicicleta, así como es de menor costo al lado de otros vehículos, tiene pocos gastos en sus arreglos y los mismos chicos cuentan cómo se vienen dando maña para mantener sus bicis en óptimas condiciones. Los colectivos, como explican los ocho viajeros, son muy económicos cuando cumplen su vida útil como medio de transporte en el circuito comercial. Pero la diferencia real se ve luego, una vez que contás con el vehículo y son los mismos viajeros que meten mano, aprenden y se equivocan durante su armado como motorhome. Sólo de esta manera se conoce al vehículo en profundidad para improvisar soluciones sobre la marcha.

En una situación similar se encuentran Mati y Meli con su kombi. Ellos explican que con esta camioneta se recibieron de mecánicos y que no es raro andar con las manos engrasadas. Nos contaron que si bien requiere bastante mantenimiento, “encontrás repuestos hasta en una ferretería” y muy económicos. Es verdad que su motor trabaja a altas temperaturas y que la velocidad promedio no supera los 60 km/h; es verdad que lo recomendable es parar cada 2:30 hs para refrigerar el motor; es verdad que es demasiado pesada. Todo eso podría contrariar su elección como vehículo, pero las facilidades en la mecánica (y una buena cuota de paciencia) permiten revertir las contras que caracterizan a la kombi. Además, otro aspecto no menor es una cuestión simbólica y cultural, y ellos lo resumen con esta pregunta: “¿estás listo para que los niños de todas las clases sociales, etnias, razas y religiones te saluden con las sonrisas más grandes y auténticas que jamás hayas visto?”.

Al infinito en kombi

Mati y Meli de Al infinito en kombi… en Salinas Grandes (Jujuy).

Cuando Flor y Gaby, de Te quiero hasta Alaska, tuvieron que definirse por un vehículo, esperaron al último mes de la partida del viaje para optar por la Kangoo que tenían en su poder y adaptarla como mini motorhome. En esa elección se arriesgaron con el tema de los arreglos, ya que hay pocas Kangoo en Latinoamérica, con el desconocimiento mecánico que conlleva. A su vez, en Guyana, Surinam, Estados Unidos y Canadá no hay Renault, por lo que no se consiguen repuestos -tal vez la solución sea llevarse los que más se puedan necesitar-. La suerte viajera los acompañó y la Kangooneta no sufrió inconvenientes graves.

Te quiero hasta Alaska

La Kangooneta, de Te quiero hasta Alaska, rodando por la Dempster Highway y sus 700 km de tierra hasta Inuvik (Canadá)

Claramente, no es lo mismo quedarte en tu país que salir a recorrer el mundo. Eso nos dejó a nosotros un poco más tranquilos, ya que, si bien nuestra camioneta es importada y el grueso de los accesorios para casillas se concentra en Buenos Aires (herederos de una concepción unitaria de la vida), contamos con la posibilidad del envío de los repuestos hasta el lugar donde nos encontramos.

Hasta aquí, pareciera que todo se limita a advertencias o riesgos potenciales. Es cierto y necesario el estar preparado para mucho de lo que nos pueda suceder en las rutas, pero difícilmente podremos cubrir todas las posibilidades. En ese sentido, la pareja de Sueños de ruta remata contundentemente afirmando que “viajar es la mejor Universidad a la que puedas ir”. El aprendizaje viajero es único e irrepetible y estas cinco experiencias demuestran que lo importante no es estar preparado para prevenir todo, sino estar preparado para dejarse sorprender en la ruta y para que cualquier cosa nos pueda suceder. Las sorpresas van a llegar sin dudas y de seguro afectarán al vehículo, a nuestras ganas y a nuestras experiencias. Pero dos cosas son necesarias: nunca perder de vista el objetivo que originó el proyecto y “nunca arrepentirse del vehículo que uno eligió para cumplir su sueño y disfrutar mucho” (Te quiero hasta Alaska).

Sueños de ruta

Bicicleteando por la Carretera Austral (Chile).

La decisión es de cada proyecto y equivocarse es parte del viaje. Por eso, como una pequeña guía de consulta, en el cuadro que figura a continuación resumimos algunos de los puntos más importantes de las cinco experiencias. Esperamos que les haya sido de utilidad y poder cruzarnos en la ruta.

¡Abrazos viajeros!

cuadro transportes

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