La otra escuela

Comencemos por el principio, aunque a veces a muchos nos cueste entenderlo. Aun viviendo en Argentina, o en la misma provincia, o en la misma ciudad, las realidades que cada uno se representa son muy distintas entre sí. Lo que uno acostumbra a ver se transforma en lo natural, en lo normal, en lo lógico. En ciertas ocasiones, cuesta ver que eso no sea así siempre o para todos por igual. En otras ocasiones, aquello sorprende gratamente y se vuelve algo interesante para contar, aunque para quien vive esa “otra” realidad es lo normal, lo cotidiano. De allí este título, que delata estar acostumbrados a cierto modelo de escuela, pero que, por suerte, no es el único, sino que son las personas de carne y hueso que le dan vida a la institución de cada lugar. Entonces, quizás sería mejor pensar en “escuelas” (en minúscula y en plural) antes que en “la Escuela”.

Toda esta catarsis viene a cuento de que comenzamos nuestro viaje con ciertas ideas previas, algunas románticas, otras más bien apocalípticas, pero es el contacto cara a cara que va derribándolas una por una y mostrando que el día a día es un poquito más complejo que aquello que imaginamos.

Escuela provincial n° 6

Escuela provincial n° 6

Como les adelantamos en la entrada anterior, tuvimos nuestra segunda oportunidad de poner en práctica la biblioteca rodante en Los Altares, pero esta vez fue mucho más. Los talleres literarios fueron el puntapié y luego se extendieron a talleres sobre periodismo y televisión para los chicos de secundaria y, finalmente, también para los adultos del pueblo.

escuela urnaEl escenario fue, principalmente, la escuela provincial N° 6, que curiosamente nos recibió en la puerta con una “Urna del tiempo” para ser abierta el 25/05/2060. Si bien después nos enteraríamos qué se guardó en ella, su presencia era suficiente para entender que no estábamos delante de una escuela más. Al entrar, nos encontramos con su directora, Tania, que para nuestro asombro nos recibió con tal euforia y entusiasmo por nuestra propuesta que nos abrió las puertas para llevar a cabo todos esos talleres que antes les comentábamos. Sería injusto no mencionar a su marido, José (o Josesito, como le dice ella), que trabaja como coordinador de las escuelas secundarias de la zona y que también fue otra inyección de energía para que nosotros nos dejáramos volar. La respuesta de ambos nos resultó contundente y suficiente: “estas visitas caídas del cielo no pasan seguido y las tenemos que aprovechar al máximo”.

En fin, gracias a su apertura y predisposición pudimos trabajar durante una semana en la escuela. Pero esta entrada no tiene como objetivo relatar esa experiencia, sino reflexionar sobre el primer párrafo. Convivir con ellos durante esos días nos permitió ver y entender el funcionamiento de esta escuela en un contexto donde viven alrededor de 200 habitantes. Aquí intentaremos describir los aspectos más destacados.

Por lo pronto, hay una sola escuela en el pueblo y la misma cuenta con los tres niveles: jardín de infantes (a partir de los 3 años), primaria y secundaria (hasta 3er año y los últimos tres años se hacen en la escuela de Paso de Indios, a 56 km). Debido a la escasa cantidad de estudiantes, los mismos están organizados en cuatro aulas: jardín de infantes, primer ciclo (de 1ro a 3ro), segundo ciclo (de 4to a 6to) y secundaria (de 1ro a 3ro). Esto implica que en el mismo espacio áulico se junten chicos de edades, conocimientos e inquietudes distintos. Por lo tanto, para el docente a cargo es un desafío mayúsculo al buscar dosificar los temas de acuerdo a cada currícula según la edad.

Además, y también a diferencia de las grandes ciudades, aun habiéndolos reunido en un mismo aula, la cantidad de alumnos es bastante escasa. Si en las ciudades encontramos salones de clase que promedian entre 25 y 30 alumnos para un único curso, en la escuela de Los Altares, con tres edades combinadas, oscilan entre los 8 y 12 alumnos en cada aula. En nuestra opinión, podría ser una gran ventaja o un gran limitante. Sería ventaja para trabajar personalizadamente con cada uno de los chicos, haciendo un seguimiento de su progreso en función de los conocimientos previos y los desafíos propuestos colectivamente (en especial, al tener que compartir el aula con chicos más grandes o más chicos). Mientras que sería una desventaja al querer promover el trabajo en grupo y una mirada intersubjetiva frente a diversos desafíos, ya que cualquier imponderable (como faltar por enfermedad) podría reducir aun más la matrícula y limitar el impacto de la propuesta didáctica.

La modalidad de jornada completa pareciera acompañar y colaborar en todo este proceso, conformando una especie de gran familia, donde los valores de solidaridad y respeto parecieran ser moneda corriente en las aulas.

escuela mafalda

Mafalda y ese rumbo distinto que siempre quiso proponer…

La última diferencia a destacar, y nos animaríamos a decir la más llamativa, es la figura del docente tutor para los alumnos de secundaria. Mientras que en la primaria un mismo docente puede integrar todas las “materias” y ser la única cara visible para los chicos, en el nivel secundario los docentes están especializados por materia (es decir, está el docente de geografía, el de historia, el de biología, etc.). Sin embargo, se combinan dos factores que imposibilitan ese funcionamiento en Los Altares. Por un lado, la escasez de alumnos por año, y por otro, la falta masiva de docentes de nivel secundario en Chubut. Pero eso no es excusa para que la secundaria del pueblo no funcione como tal. Entonces, la solución ha sido combinar docentes itinerantes de nivel secundario con un docente tutor. Los primeros recorren cada dos semanas las escuelas, viendo ciertos temas con los estudiantes y dejando guías de trabajo. El docente tutor, por lo general de nivel primario, se encarga de los tres cursos en simultáneo, acompañando a los chicos en la realización de esas guías de trabajo que entregan los docentes itinerantes, teniendo que estudiar mucho para estar a la altura de ese desafío tan dinámico.

Como verán, las instituciones no son entes estériles, sino que son el resultante de una cambiante combinación de oportunidades y necesidades, llevadas a la práctica por personas que, conscientes del contexto y sus limitantes, continúan luchando por una educación pública inclusiva en todos los rincones del país.

Escuela alumnos

Una gran familia de la que nos llevamos tantos mimos que no entran en la foto.

Queríamos compartir una parte de esta experiencia y estas impresiones que nos han dejado más que satisfechos, especialmente por haber sido parte de esta “otra escuela” durante algunos días. Será hasta la próxima (mientras, los invitamos a disfrutar con un video donde ellos fueron los protagonistas).

 

¡Abrazos viajeros!

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