Me contaron de Piedrabuena, un mundo de colores

Me contaron de un lugar increíble, distinto a todo lo demás e inserto en el medio de la Patagonia. Me contaron de sus calles, sus murales y sus colores. Me contaron del viaje al que te invitan cuando la vista se cansa de ver tantos dibujos y creatividad por doquier… ya lo vivimos y ahora se los contamos a todos ustedes.

El nombre completo del pueblo es Comandante Luis Piedrabuena y está ubicado a orillas del río Santa Cruz, justo en una de sus zonas más fértiles. Su nombre se debe a quien fuera un marino que se asentó en la zona hace un siglo y medio y que tuvo un rol trascendental en la consolidación de la soberanía territorial de la Patagonia. Hoy es un pueblo con más de 6.000 habitantes y nos mostró una serie de razones para entender que no es un pueblo patagónico más.

Casa de Piedrabuena en Isla Pavón

Casa de Piedrabuena en Isla Pavón

Uno de sus mayores atractivos naturales está en la Isla Pavón, a unos 4 km de Piedrabuena y a mitad del cruce por el puente. Allí hay un gran camping con diversas instalaciones, como juegos, canchas, parrillas y hasta cabañas. Pero a este gran escenario se le suma la vista que se disfruta sentados desde las reposeras frente a la vera del río y es el cañadón de fondo quien completa la escena. Tampoco se está solo, varias parejas de avutardas pululan por nuestro alrededor con sus extraños sonidos combinados. Definitivamente, una parada obligada, aun si no se dispone de tiempo.

piedrabuena-rio

Isla Pavon, Piedrabuena

Entrada a la Isla Pavón

avutardas en Piedrabuena

Avutardas, siempre en pareja.

aves en Piedrabuenaaves en PiedrabuenaSi nos trasladamos al pueblo, uno no puede levantar la mirada y no encontrar algo de color, como algún mural o escultura. Es una política pública bien marcada la de aprovechar cada espacio al aire libre y hacerlo llamativo de una forma artística. Bulevares, esquinas, plazas, paredes vacías, todo rincón disponible es válido. Así, por ejemplo, hicieron el Parque temático infantil Dante Quinterno, recordando sus entrañables personajes de historietas, como Patoruzú, Isidoro y Upa, entre otros. Los juegos para chicos, los murales, el puente y las esculturas invitan a pasar una tarde, con mate de por medio, disfrutando de un día soleado, mientras la imaginación vuela y nos traslada a aquellas anécdotas del “último de los tehuelches”.

parque tematico quinterno, piedrabuenaparque tematico quinterno, piedrabuenaOtro parque temático cuenta, a través de murales de piedra, dos historias en paralelo y cómo fue que ellas se cruzaron. Por un lado, el origen del mundo según los tehuelches y el nacimiento de su pueblo. Por otro lado, la llegada de Piedrabuena a la zona y su encuentro con esos pueblos originarios. Cabe mencionar que la mayoría de los murales fueron hechos por artistas no locales, o a lo sumo contaron con colaboración de santacruceños, por lo que hace falta una política a largo plazo para que los colores sean cada vez más arraigados.

murales en piedrabuena

murales en piedrabuena

Retrato de Piedrabuena

Y el último espacio similar es la plaza en conmemoración a uno de los grandes cantautores patagónicos, Hugo Giménez Agüero. Justo estuvimos presentes en su inauguración y pudimos conocer un poco más sobre la historia cultural de Santa Cruz, con uno de los máximos referentes de la música de aquellas tierras y, en particular, del pueblo: “…y los ojos se le escapan hacia el costao del camino porque ha nacido Tehuelche y antes que nada argentino.”

plaza hugo gimenez aguero, piedrabuenaLos colores de la naturaleza también se extienden más allá de la zona del valle. A unos 30 km al sur, se encuentra el Parque Nacional Monte León. Si bien nos han hablado de sus maravillas, no tuvimos la suerte de visitarlo por estar cerrado al público hasta noviembre. Y como no nos conformamos ante la necesidad de disfrutar de la fauna local, nos escapamos hasta Puerto Santa Cruz, a 40 km hacia la costa, para ver en Punta Quilla una colonia de pingüinos magallánicos que comienzan a ocupar sus cuevas en las matas.

piedrabuena-pinguinospinguino magallanico, piedrabuenaEste mundo de colores tampoco sale de la nada, ni de aisladas políticas públicas. Hace unos 26 años, el docente Marcos Scurzi, basado en la pedagogía propuesta por el método Montesori, creó la Escuela Experimental de Enseñanza N°1, más conocida como “Escuelita del Río”. No hacía falta entrar al edificio para saber que esa escuela es distinta a todo lo conocido (al menos por nosotros). Murales en las paredes externas van acorde a las calles del pueblo, pero esta vez en manos de los chicos. En sus jardines y parques, antes de ingresar a la escuela, dos grandes viveros son la raíz educativa de las próximas generaciones de plantas en la zona. En el patio interno de la escuela, las paredes demuestran el arduo trabajo creativo de los chicos que, con distintas técnicas, se vuelven protagonistas de sus ideas más profundas.

escuelita del rio, piedrabuenaEn esa escuelita, tuvimos la oportunidad de brindar algunos talleres literarios. Si bien no se pueden sacar fotos del momento en que los chicos tienen clase o participan de los talleres, les contamos particularidades que vivimos al estar en sus aulas. Allí no hay sillas, sino que todos se sientan en el suelo, sobre almohadones o pequeñas alfombras, y las mesas son lo suficientemente bajas para llegar con comodidad. Esta disposición nos llamó la atención por la dureza del suelo, pero nos explicaron que de esa manera el cuerpo y, en particular, la columna se adecúan a una correcta posición, a diferencia de la silla que sólo ofrece una única y homogénea postura. Por otro lado, en lugar de grados, se habla de “grupos”, para romper con cierta cronología a veces caprichosa, y haciendo foco en que cada grupo avance a ritmos diversos. Es así como van del grupo 1 (sala de 3) al grupo 10 (7mo grado). Y por último, algo que merece la pena destacar, es que cada grupo no supera los 15 alumnos, lo que permite una mayor dedicación por parte del docente, y un clima de trabajo y concentración diferentes.

escuelita del rio, piedrabuenaLa corona de estos colores, o más bien el inicio y puerta de entrada al colorido pueblo, fue cruzarnos con Darío y su familia. Si bien no nos albergaron en su casa, fue un “como si” al abrirnos las puertas de Piedrabuena, facilitándonos las oportunidades para dar los talleres o poder alojarnos en el camping, incluso haciéndonos sentir parte de su familia. Con ellos visitamos la pingüinera, disfrutamos de nuestros primeros talleres literarios para adultos en el Teatrino y nos deleitamos con una murga en el marco de la inauguración de la plaza (Darío es profe de percusión). Les estamos infinitamente agradecidos porque casi sin conocernos movieron, literalmente, al pueblo para que no seamos unos extraños.

familia en Piedrabuena

Nuestra familia en Piedrabuena
Soli, Darío, Ana, Cata y Juan

Así es Piedrabuena, así se respira creatividad en sus calles y así puede existir un lugar distinto en la estepa santacruceña. Fuimos parte de ese mundo colorido y nos tocó la hora de seguir viaje. Próximo destino: Río Gallegos.

 

¡Abrazos viajeros!

4 Replies to “Me contaron de Piedrabuena, un mundo de colores”

  1. Que hermosura!!! Todo los colores, las propuestas, las maneras diferentes de abordar la educación!!! Un regocijo para mi corazón, saber que se puede y que se esta dando!!! Maravilloso todo y sobre todo el relato!! Un lujo!!! Gracias por acercarnos esa realidad tan linda y diferente!!! Gracias por seguir compartiendo con tanta pasión y amor!!! los amo y sigan marcando camino!!! Besosss y hasta la proxima!!!!

    • Gracias por estas palabras! Argentina tiene lugares increíbles y “poco conocidos”, sólo hace falta animarse a descubrirlos y para eso es necesario levantar el pie del acelerador. Abrazos viajeros!

  2. Qué maravilla poder recorrer lugares impensados desde los ojos de viajeros sensibles a la belleza de la naturaleza y a la calidez de los habitantes! Mucha suerte chicos! Un abrazo muy grande Sol y Juan!

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