Por la ruta costera hacia la selva misionera

Muchos hemos escuchado hablar o tuvimos la suerte de conocer las Cataratas del Iguazú o las ruinas jesuítcas de San Ignacio, ambas sobre la RN 12. Sin embargo, no tiene la misma publicidad la RP 2 o la ruta costera en la provincia de Misiones, que corre pegada al río Uruguay y atraviesa las selváticas sierras entre tierra colorada. Así fue que decidimos salirnos de la RN 14, que nos llevaría por el corazón de la provincia, y nos fuimos bien hacia el este, pegaditos a Brasil. La experiencia fue tan gratificante que queremos invitarlos a transitar esta ruta y todas las bellezas de la Misiones brasilera.

Esta ruta costera comienza su recorrido en el límite con Corrientes, en la ciudad de Apóstoles o capital nacional de la yerba mate. Allí llegamos tarde a la feria del libro local, por lo que nuestra estadía fue breve. Tuvimos la suerte de hospedarnos en el predio de la fiesta de la yerba mate, por lo que vimos el detrás de escena para este evento que se realiza la tercera semana de Octubre. Descubrimos una ciudad que si bien es bastante grande para el promedio provincial, está muy ordenada y pintorescamente distribuida, entre anchas y verdes avenidas. A su vez, comenzamos a adentrarnos en zona de sierras, por lo que ya es común ver calles con subidas o bajadas pronunciadas, y entendimos que no será tan fácil manejarnos con una casa rodante por Misiones.

Apóstoles, ruta costera

Ruta costera, MisionesLuego de un par de días, iniciamos nuestro recorrido por la RP 2, donde la tierra colorada pinta los bordes del camino y varios carteles advierten que esta ruta no es como cualquier otra, por lo que las velocidades máximas están mucho más controladas y reducidas. A los pocos kilómetros, entre una bella arboleda, algo seca por la época invernal, nos encontramos con una de las tantas reducciones jesuíticas en Misiones, el pueblo de Concepción de la Sierra. Al igual que sucedió con la mayoría, casi no quedan rastros del paso de dicha misión y sólo se pueden encontrar vestigios arquitectónicos en la plaza principal, donde aun se conserva parte del piso empedrado, algunas piedras itacurú y un antiguo pozo de agua (de 20 metros de profundidad), que alguna vez formaron parte del templo jesuítico de la reducción conocida como “La limpia Concepción de Nuestra Señora del Ibitiracuá”.

Concepción de la Sierra, ruta costeraConcepción de la Sierra, ruta costera de MisionesPlaza de Concepción de la Sierra, ruta costera de MisionesLa ruta atraviesa el pueblo, por lo que no nos fue difícil seguir rumbo norte hasta la siguiente parada: Itacaruaré. Pero poco antes de llegar, sobre la misma ruta nos cruzamos con la reducción jesuítica-guaraní de Santa María La Mayor, ubicada entre La Corita e Itacaruaré. Esta misión fue fundada en 1626, pero recién se asentó en su ubicación actual a fines de ese siglo. La provincia ofrece un acceso por un valor de $110 que permite recorrer ésta y las otras tres ruinas (Loreto, Santa Ana y San Ignacio) durante el lapso de 15 días. En el caso de Santa María, los visitantes se encontrarán con algunos restos arquitectónicos en pie, como muros de gran porte, el colegio residencial, el templo provisorio, los talleres y vestigios de viviendas y de la plaza principal. A su vez, hay una réplica de la imprenta que se instaló en esa misma misión con el objetivo de traducir al guaraní los textos religiosos.

Santa María La Mayor, ruta costera de MisionesSanta María La Mayor, ruta costera de MisionesA diferencia del resto de los destinos en la ruta costera, el pequeño pueblo de Itacaruaré está alejado del río Uruguay y se recuesta junto al arroyo homónimo. Cuando se pasa junto a él, pareciera no decir mucho y ser otro de los tantos pueblos ruteros. No tiene la suerte de contar con ruinas jesuíticas ni de estar junto al río. Sin embargo, basta con preguntar por el camping municipal para llevarse la grata sorpresa de que han aprovechado el paso del arroyo para “crear” una pileta natural. La belleza de este lugar trasciende la estación del año, aunque es en verano que se acumula el mayor caudal de gente para la Fiesta provincial de la carpa, congregando a miles de personas de la zona.

Itacaruaré, ruta costera de MisionesItacaruaré, ruta costera de MisionesAprovechamos la soledad y tranquilidad del lugar para descansar junto a ese arroyo, y contamos con la compañía de dos nuevas amigas artesanas, Fernanda y Abril, que vinieron desde El Bolsón hasta el norte buscando calabazas para sus mates. Verlas trabajar en sus espectaculares mates decorados nos motivó a volver a nuestros artesanales diarios de viaje, que hace tanto habíamos dejado de producir.

Itacaruaré, ruta costera de MisionesEste fue el primer pueblo en que el idioma escuchado entre los lugareños dejaba de lado al castellano y comenzaba a tener protagonismo el portugués. Sorprendidos, supusimos que se podría tratar de aislados viajeros brasileros que llegaban a la zona, pero se fue haciendo cada vez más frecuente que dudamos de si nos encontrábamos en Argentina. Sería necesario seguir viaje al norte para ver si Itacaruaré era una curiosa excepción en la zona o había otra razón.

Justo en el cruce entre las rutas 2 y 5 está el acceso a la pequeña ciudad de San Javier. Se trata del punto más habitado de toda la ruta costera y es una ciudad que, siguiendo el paisaje serrano, “baja” hacia el río Uruguay. Si bien alguna vez fue una reducción jesuítica, poco o nada queda de ella como para ver. En nuestras ansias de conocer la diversidad del paisaje en la zona, decidimos no hospedarnos en el único camping en funcionamiento junto al río, que está a varios kilómetros hacia fuera de la ciudad por un camino en mal estado, por lo que volvimos a retomar la RP 2.

Yerbatales, ruta costera de MisionesRecién a partir de aquí, la ruta costera se hace eco de atravesar las sierras misioneras, pudiendo ver cómo el camino sufre cada vez más curvas y contracurvas, además de algunas subidas y bajadas pronunciadas. Incluso para llegar hasta Panambí, el siguiente destino, hace falta descender por varios kilómetros hasta el nivel del río Uruguay. Cuando uno arriba a este pequeño pueblo, presiente haberse perdido en el camino o que en realidad no existe un pueblo como tal, ya que sus casas están recostadas a ambas manos de la ruta y casi no tiene manzanas hacia adentro. Además, se llega a un punto en que la ruta pareciera seguir derecho hacia el río, pero ésta se abre a la izquierda y lo que continúa tiene forma de ruta aunque hace las veces de calle principal. El final del camino es la Aduana y el cruce fronterizo al vecino pueblo brasilero Puerto Vera Cruz, al otro lado del río. Allí se hacen los trámites para cruzar en una pequeña balsa hasta Brasil, un trayecto que dura escasos 15 minutos y en el que uno de los típicos barcos cariocas empuja a la balsa metálica que transporta desde personas hasta camiones.

Panambí, ruta costera de MisionesPanambí, ruta costera de MisionesEs verdad que Panambí es un pequeño pueblo, también recostado sobre la ruta, pero ha sabido explotar al máximo la virtud de estar pegado al río Uruguay en medio del monte misionero. Esto lo explica la variada oferta de hospedajes que se puede encontrar allí. Nosotros optamos por el camping municipal y disfrutamos de calmas noches junto al río, mientras del otro lado las luces comenzaban a dibujar un pequeño trazado de casas entre los cerros.

Panambí, ruta costera de MisionesPuerto Vera Cruz, ruta costera de MisionesCamping municipal de Panambí, ruta costera de MisionesLamentablemente, en esta parte del río Uruguay no está permitido bañarse, debido a los riesgos de ahogamiento que nos vienen contando desde la provincia de Corrientes. Por ello, el principal atractivo radica en los paseos en lancha o la fructífera pesca desde la orilla.

Así como nos sucedió en Itacaruaré, Panambi es otro pueblo claramente influenciado por la cultura brasilera y es más común escuchar el portugués que el español, incluso dentro de la municipalidad. A su vez, cuando conversamos con los lugareños, nos costó entenderlos y muchas veces tuvimos que repreguntar. Nuestra sorpresa sigue siendo grande y la duda ante una posible explicación aun mayor. Quizás tan sólo se deba al cruce fronterizo que hay allí…

Ruta costera de MisionesCuando fue momento de retomar la RP 2 hacia Santa Rita, varios carteles nos advertían que más adelante, sobre el arroyo Torto, el puente no soportaría vehículos que superaran las 3 toneladas. Incluso, nos habían comentado que quizás deberíamos cruzar a mano a Babelita, pero como nuestro peso no supera esa medida, creímos que no tendríamos ningún problema.

Ruta costera de MisionesA partir de Panambí, la ruta costera hace honor a su nombre y comienza el tramo que corre pegado al río. Las vistas son una mejor que la otra, aunque nosotros decidimos viajar bien temprano y tuvimos que sufrir el efecto de condensación que el sol causó sobre el frío amanecer junto al río, haciendo que el vapor se convirtiera en densa bruma que ascendió hasta la cumbre de los cerros. Eso explica por qué las imágenes parecen algo grises.

Ruta costera de MisionesRuta costera en MisionesA su vez, en este tramo se hizo más frecuente ver junto a la ruta un vehículo que poco nos cruzamos en el resto del país: se trata de una carreta arrastrada por bueyes. Eso permite entender por qué en esta zona es tan común la cría de esos animales y es otro de los síntomas de la influencia brasilera en esta parte de Misiones. Causa asombro ver el enorme esfuerzo que hacen los bueyes para superar las elevadas cuestas de la ruta, al punto de cruzarnos con carteles que indican que el tramo que sigue prohíbe el tránsito de estos animales.

Bueyes sobre la ruta costera de MisionesBueyes sobre la ruta costera de MisionesFinalmente, llegamos al tan dichoso puente y nos topamos con varios conos que avisaban el cuidado necesario para cruzarlo. Detuvimos nuestra marcha y al otro lado se vio a una mujer policía que mientras intentaba hacernos señas de que no siguiéramos, cruzó el puente casi corriendo. Cuando nos alcanzó, le explicamos que nuestro peso no superaba las 3 toneladas, pero no sirvió de nada, nos dijo que debíamos desenganchar y cruzarla a mano. En El Soberbio (el siguiente destino), nos comentaron que ese modus operandi aplica para todo tráiler, incluso aquellos pequeños que viajan vacíos. Y la razón se debe a que el puente tiene peligro de derrumbe… hace ya más de un año y nadie hizo nada aun para arreglarlo.

Entonces, le pedimos ayuda a la policía para empujarla (a la casilla), ya que se trataba de un tramo extenso, y comenzamos la travesía. Por suerte para nosotros, el piso estaba estable, sin desniveles hacia delante o atrás, por lo que no fue difícil llegar al otro lado. La dificultad estaba en mantener a la casa rodante siempre en el medio, entre los conos y los barriles, y la caminata sirvió para entrar en calor en una mañana atípicamente fresca.

Ruta costera de MisionesRuta costera de MisionesVolvimos a enganchar y continuamos viaje hasta 25 de Mayo. Se trata de una pequeña ciudad que está alejada de la RP 2 por unos 20 km. Si bien no forma parte de la ruta costera, decidimos hacer un parate allí porque nos esperaba Cristian, un amigo viajero que nos recibió por una noche. Aunque corta la estadía, nos ayudó a entender el por qué de la omnipresencia de la cultura brasilera de este lado del río. Nos explicó que dicha situación está acompañada por la llegada de inmigrantes alemanes y de otros países europeos. Así como su familia, muchos alemanes huyeron de Europa durante la 2da Guerra Mundial y llegaron a Brasil. Allí fueron perseguidos por el temor de considerarlos espías o emisarios nazis, por lo que luego de estar varios años en tierra carioca debieron huir nuevamente y cruzaron el río Uruguay, llegando a la provincia de Misiones. Así se crearon colonias que combinaban las culturas europeas (además de alemanes, llegaron muchos rusos, polacos y ucranianos) y brasilera, y se sumaron al misionero. De esa mixtura, pareciera que la batalla cultural la viene ganando la influencia brasilera y que la herencia étnica ha quedado en manos de los europeos, lo que queda evidenciado por la enorme cantidad de personas rubias y de tez bien blanca, tirando al color pálido de Europa del Este.

Por fin pudimos entender por qué es que a lo largo de la ruta costera tiene tanta primacía el idioma portugués, que ha sabido mezclarse con el castellano. En la casa de Cristian, tuvimos la oportunidad de conocer a sus sobrinos y, además de invitarnos a cosechar pomelos y mandarina-limón, conversamos con ellos para corroborar que esa lengua es también omnipresente en las escuelas de la zona. Nos sorprendió que, al preguntarles, nos respondieran que no se enseña en la escuela, sino que es la misma herencia de sus padres la que ha llevado a convertirlo en primera lengua para los pueblos costeros.

25 de mayo (9)25 de mayo (10)25 de mayo (11)Luego de esa corta estadía y de pasar junto a Santa Rita y Alba Posse, seguimos rumbo al último destino sobre la ruta costera: El Soberbio. Ante el nombre curioso, recibimos una explicación tan simple como carismática: cuentan que uno de los primeros pobladores no indígena de la zona se paró frente al río y rodeado de monte exclamó “esto es soberbio”, lo cual bastó para bautizar esta pequeña ciudad. Al llegar, tuvimos la suerte de dar con el director de Turismo que nos dio una gran mano, entre otras cosas, para poder parar en el camping municipal. El camino hacia allí está en pésimas condiciones, además de tener que superar varias cuestas muy exigentes, pero la paz que disfrutamos en el medio de la selva valió la pena.

Camping municipal de El Soberbio, ruta costera de MisionesCamping municipal de El Soberbio, ruta costera de MisionesDe todos los pueblos y destinos visitados, este podría ser el más brasilero de todos: al idioma, a los rostros y a la música carioca en las radios (“si no ponés música brasilera, acá no te escucha nadie”, sentenciaron en una radio), se suman los comercios estilo Brasil, repletos de ropa de distintas marcas y de bazares, como si se tratara de una zona franca libre de impuestos. Y fue allí donde nos brindaron más información para terminar de entender esta influencia del país vecino: la inmigración brasilera, que se debió a distintas razones, ha llevado a que el 85% de la población en la zona provenga del otro lado del río. La misma herencia sociocultural hizo el resto, logrando una zona que hoy combina aportes argentinos, guaraníes, brasileros y europeos. Semejante mezcla cultural cuesta verla en otra parte del país. Incluso, conversando nosotros dos, llegamos a la conclusión que aquí salta mucho más a la luz la presencia del idioma portugués por ser distinto al castellano. Sin embargo, queda abierta la duda sobre por qué la costa oriental de Corrientes no se vio igual de influenciada que esta parte de Misiones.

Una de las principales razones que nos motivó a llegar a El Soberbio, además de ser el final de esta ruta que une pueblos argentino-brasileros, es que se trata de la puerta de acceso al Parque Provincial Moconá (el valor de la entrada es de tan sólo $15 por persona), donde los curiosos Saltos del Moconá es el principal atractivo. Un camino de buen asfalto de 75 km separa a la pequeña ciudad del parque. A medida que uno se va acercando, la selva comienza a cerrarse cada vez más y las cuestas son aun más pronunciadas, por lo que no cualquier vehículo podría sortearlas fácilmente (ni qué hablar de ir con casa rodante, lo que desaconsejamos por completo).

Miradores yendo a Moconá, ruta costera de MisionesSelva en la ruta costera de MisionesEstos saltos son una extraña formación rocosa, producto del hundimiento de las piedras en el lecho basáltico del río Uruguay (el cual nace en Brasil y es en este parque que ingresa al territorio argentino), generando así una especie de cañón sumergido en el agua. La única parte que emerge y suele estar al descubierto es del lado argentino, que corre paralela al curso del río por 3 km. Como dicen acá, “los argentinos tenemos el paisaje y los brasileros la vista”, por disponer de una panorámica bien completa desde su orilla del río.

Saltos del Moconá, ruta costera de MisionesDe esta manera, cuando el nivel del agua baja (las profundidades en esta zona varían entre los 50 y los 60 m), se forman estos saltos, que suman 24 caídas. Por un lado, la dinámica del río y sus crecientes producto de las lluvias y, por el otro, el funcionamiento de las tres represas brasileras río arriba, hacen que no sea fácil disfrutar de esta maravilla natural. Nos encontramos con una pareja que iban por el tercer intento para verlos. Por esta razón, es fundamental averiguar en Informes de El Soberbio antes de viajar hasta el parque para preguntar si están saliendo las lanchas y cómo está el nivel del agua: si está alto (más de 6 mt) sólo se podrán ver 2 mt de los saltos; mientras que el nivel ideal del río (menos de 3 mt) permitirá observarlos a pleno (con una altura de más de 6 metros). Nosotros tuvimos que conformarnos con lo mínimo, pero aun así el espectáculo vale la pena.

Saltos del Moconá, ruta costera de MisionesSaltos del Moconá, ruta costera de MisionesSaltos del Moconá, ruta costera de MisionesComo les contábamos, la falla geológica en el lecho dejó las piedras de nuestro lado y la única manera que tenemos para ver los saltos es en una lancha, ya que desde la costa no se pueden ver (la otra opción es cruzar a Brasil por El Soberbio y transitar 70 km por un camino de tierra). El valor de este paseo fue de $200 por persona ($150 para misioneros) y dura alrededor de 15 minutos. Es en verdad desproporcionada la relación, pero es la única manera de hacerlo. Y a las espectaculares vistas, el paseo suma la adrenalina de tener que subir contracorriente entre imponentes caídas de agua que hacen bailar al semirrígido y transpirar a sus motores fuera de borda.

Después de haber convivido con la adrenalina de este recorrido y de haber largado alguna risa nerviosa entre los pasajeros, volvimos a tierra firme para recorrer a pie los dos senderos que ofrece el parque. Uno nos llevó hasta un mirador, desde el cual poco se puede ver, ya que se observa la parte superior de los saltos, pero por su orientación parecieran no estar allí. El otro recorrido es más interesante, el cual nos permite alcanzar una pequeña gruta que forma una caída de agua y, pasando por debajo de ella, es un buen refresco entre tanto calor selvático.

Saltos del Moconá, ruta costera de MisionesSaltos del Moconá, ruta costera de MisionesUna recomendación fundamental desde el primer momento que descienden del vehículo: colóquense mucho repelente, hay pequeños bichos, casi invisibles, que nos dejaron ronchas por distintas partes del cuerpo por varios días y no frenamos la picazón casi con nada. Lo más efectivo ha resultado ser jabón blanco.

De esta manera terminó nuestro viaje por la ruta costera de Misiones, que poco a poco se fue sumergiendo en el monte selvático que caracteriza a la provincia, donde el verde inunda la visión y la tierra colorada le da el toque exclusivo a sus paisajes. Por suerte para nosotros, la provincia tiene mucho más para ofrecernos y seguiremos viaje hacia el norte, hasta pisar el extremo más oriental del país. Será hasta el próximo destino nómade…

Atardecer sobre la ruta costera en Misiones

¡Abrazos viajeros!



6 Replies to “Por la ruta costera hacia la selva misionera”

  1. Que bellos lugares y que bellas fotos. El video espectacular. Que lindo paseo!! Misiones sorprende!! Y los lleno de amor familiar, que eso esta muy buen!! Besossss!

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